


Una cerrada defensa
Miguel Peiretti


Aprovechando innegables épocas de malos manejos y resultados consiguientes, los voceros de esa tendencia deslizan objeciones para con el estado y el manejo -democrático más allá de cualquier objeción- de esas instituciones, sin tener en cuenta para nada que ellas son el resultados de esfuerzos colectivos que, arrancando desde los más humildes orígenes, han llegado a presentes de trascendencia material, para no hablar de la significación espiritual que arrastran.
Aparecen entonces los desconocidos de siempre que subrayan las ventajas de la privatización sin mencionar, ni de lejos, que la transformación de los clubes en sociedades anónimas, al estilo europeo, los convertirá en máquinas de dar dinero solamente para el grupo de accionistas, dejando de lado a la multitud de aficionados que los sigue, reservando para ellos solo la función de aportantes monetarios.
El gobierno macrista ya dio una clara idea de esas políticas al aplicar un estrangulamiento impositivo a los clubes barriales, surgidos de la solidaridad popular y el sentido cooperativo. ¿Se puede creer entonces que esos posibles -Dios no lo permita- nuevos dueños de corte neoliberal querrían mantener las bibliotecas populares, becas, escuelas y demás obras de bien que mantienen muchas de las grandes y medianas instituciones de nuestro fútbol?
A esas pretensiones neoliberales hay que oponerle -para decirlo en términos futbolísticos- una cerrada y firme defensa del área.











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