Los hijos del no poder

El hambre de niños y jubilados resulta poco movilizadora. Es tomado como algo inevitable. Cuando Cavallo, el economista del alucinatorio económico social que llamaron convertibilidad, habló del “costo social del ajuste” al menos fue más sincero en su inmensa caradurez. Hoy el costo social es la muerte en vida, la vida que no puede ser vivida, la vida insoportable.

Opiniones22/06/2025 Por Alfredo Grande
Los hijos del no poder

(APe).- Se ha hablado mucho de los hijos del poder. Respirar hasta por los pulmones la impunidad. La misma que destapó la hermana Pelloni. El “Caso María Soledad” se refiere al asesinato de la joven argentina María Soledad Morales, ocurrido en San Fernando del Valle de Catamarca en 1990. El caso resonó a nivel nacional debido a que los acusados eran “hijos del poder” y hubo intentos de encubrir el crimen.
Parafraseando a Wilhelm Reich, cuando dice que la psicología burguesa se pregunta por qué un obrero toma una fábrica, y la psicología marxista se pregunta por qué no la toma, creo que hay que hablar de los hijos del no poder. O sea, niñeces en completo desamparo, incluyendo el desamparo de los institutos “de menores”, son todos hijos del no poder. Lo que con su cinismo Menem caracterizó como los “chicos pobres que tienen hambre” mientras los chicos ricos tienen tristeza. La tristeza fue compensada con la play station 5, pero el hambre aumentó.
Curiosamente el hambre de niños y jubilados resulta poco movilizadora. Casi diría que es tomado como algo inevitable. Cuando Cavallo, el economista del alucinatorio económico social que algunos llamaron convertibilidad, habló del “costo social del ajuste” al menos fue más sincero en su inmensa caradurez. Hoy el costo social es la muerte en vida, la vida miserable, la vida que no puede ser vivida, la vida de penuria, la vida insoportable. Muertos en vida que no son zombis, sino los que pagan todo costo social. Vidas frustradas para siempre.
El costo social es, además, costo individual, vincular, familiar. Los hijos del no poder no caminan, deambulan. No tienen sueños, tienen pesadillas. No tienen frío, se congelan. No tienen calor, hierven. Pero como son hijos del no poder, a nadie la importa.
En el país del consumismo (consumir consumo) no hay espacio alguno para los que no pueden sostener ni consumismo ni consumo. En una fórmula simple diré que consumismo es consumo + publicidad. Ampliaremos. Los hijos del no poder no tienen acceso a ninguna de las dos variantes. Ese no poder luego se organiza como “problemas de seguridad”. De esto ninguna política que sostenga al capitalismo se ocupa.  Capitalismo entendido como la sumatoria siniestra de consumismo + lucro + privilegios +exterminio. El techo del capitalismo impide que cualquier intención nacional y popular se ocupe de los hijos del no poder, porque el no poder es un disvalor para cualquier variante del capitalismo.
Para sostener a los hijos del no poder, algunos intentar encontrar un capitalismo con rostro humano. Ignoran, o hacen que ignoran, que lo humano tiene rostros despreciables. Lo que ahora ya es planetario, es el capitalismo sin rostro. El que hace décadas el gran Gregorio Baremblitt denominó Capitalismo Mundial Integrado. Tenemos el mismo dilema que a su manera tuvo el célebre Dr. House:  el capitalismo ya vive en ti. Y no creo que pueda combatirse el capitalismo apoyando o simpatizando con los partidos o grupos políticos que sostienen el capitalismo. O que han combatido con saña incluso las formas más edulcoradas de socialismo. El estado colonial de hoy es la politica capitalista trasnacional de ayer.
Los hijos del no poder esperan, aunque no pueden esperar. ¿Podemos hablar de generaciones diezmadas? A mi criterio, sí. El costo social del ajuste es la masacre. Hoy también. Ayer, hoy y ¿mañana?  Decir que es un logro del gobierno la baja de la inflación, cuando se logra a través de aplastar el consumo y por lo tanto dejar la necesidad básica insatisfecha, es un cinismo lamentable. Lo sepan o no, aman al monstruo que critican. Pero el amor no vence al odio.    El odio de los hijos del no poder hacia quienes le arrancan la vida, me lleva a una pregunta que seguro hubiera hecho Wilhelm Reich: ¿Por qué no lo odia?”  El odio de clase es una categoría que la derecha y lamentablemente una parte de la izquierda, ni siquiera pueden pensar.
Los hijos del no poder quizá tampoco la piensan.  Pero anhelo que la puedan pensar.

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