Nuestro cerebro requiere información acotada para tomar decisiones correctas

Qué dicen los estudios sobre cómo opera en las instancias políticas 

Opiniones29/03/2023 Ignacio Brusco
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"Todas las cosas están sujetas a la interpretación. La interpretación que prevalece en un momento dado es una función del poder y no de la verdad"

Friedrich Nietzsche

La toma de decisiones es una función compleja que, sin embargo, pueden requerir información tanto consiente como inconsciente. Pueden ser inmediata, mediata o a largo plazo. Las políticas serían, en general, a largo plazo. De toda las funciones cognitivas, la toma de decisiones es el vector neuropsicológico final de ejecución.

La toma de decisiones es, entonces, la base de toda la actividad. A través de una encrucijada racional, instintiva y emocional se producirá un vector final de nuestro comportamiento que impactará en el plano individual y en el social. En las decisiones inmediatas, como sucede en una respuesta motora, y las de largo plazo, que son las políticas, la asertividad depende más de la actividad inconsciente instintiva. En cambio, las de mediano plazo (por ejemplo, un abrigo que nos pondremos) dependen de los factores racionales, dado que se utiliza muchas menos información.

Actualmente se encuentra en boga el estudio del cerebro en las instancias políticas. En tiempos recientes fueron inauguradas dos subespecialidades de la neurociencia y de la psicología llamadas "neuropolítica" y "psicología política", respectivamente. Las dos forman parte de un área muy importante que estudia la conducta humana, que es la de la toma de decisiones.

Neuropolítica

En esa línea, existen estudios que explican que el electorado de Estados Unidos, en su mayoría, es demócrata. No obstante, los republicanos ganaron más elecciones, ya que los demócratas no suelen apelar a lo emocional y los republicanos sí. ¿Esto podría extrapolarse a otros contextos políticos?

Lo cierto es que algunos trabajos, como los realizados por el neurocientífico Joseph LeDoux, muestran que nuestra emoción se "entera" de lo que vemos antes que nuestra conciencia racional, por lo cual no resulta extraño que las influencias de las caras sean un componente importante de la decisión electoral. ¿Quién podría afirmar que no ha visto una situación en la que este fenómeno haya tenido lugar (un prejuicio manifiesto, por ejemplo)?

Esto pone en evidencia que lo visual resulta clave para la comunicación humana. Por eso la mirada de un candidato apunta a nuestro sistema cerebral instintivo. Los humanos somos seres visuales (macrópticos), diferentes de los demás mamíferos superiores, que son olfatorios (macrosmáticos), por lo cual es lógico que el ingreso visual impacte de lleno en nuestro sistema emocional.

Si bien hay estudios que priorizan la función emocional en la política, dejando para un segundo término la razón y los procesos ideológicos, estos cuentan con algunas falencias metodológicas, como parangonar diferentes culturas y diversos sistemas electorales. Los trabajos que analizan a los políticos muestran que sus rostros producen, indudablemente, efectos emocionales. Así es que estas investigaciones se aventuran a decir que en menos de un segundo ya hemos sentido una predisposición a votar por un candidato fundada en aquel que nos genere mayor empatía. Sin embargo, dejan de lado ciertas cuestiones y olvidan que de lo correlativo no se deriva con necesidad la causa de un efecto, prejuzgando de esta forma a la población. Una sensación visual puede generar un sentimiento instintivo que produzca una toma de decisión inmediata, pero esta puede ser modificada con posterioridad (decisión a largo plazo).

Conservadores contra progresistas

De cualquier forma, sabemos que existen personas que, al recordar, activan solamente el hipocampo, mientras que otras recuerdan con el hipocampo y la amígdala (sistema emocional), siendo más influenciables por la presión social.

Con esto en consideración, algunos neurocientíficos plantean que las personas con pensamiento conservador tienen un mayor desarrollo amigdalino (mayor respuesta al miedo y a la invasión del espacio corporal); en tanto que los progresistas tienen un mayor desarrollo de la corteza prefrontal (cingulado), que regula la motivación y la resolución de conflictos. En esa misma línea, un estudio publicado en Current Biology por Read Montague mostró que al mirar imágenes repulsivas hay una clara diferencia entre los votantes de izquierda y de derecha. Esta es la base fisiológica de la grieta, que será difícil de modificar y que siempre ha existido, aunque con diferentes intensidades.

Además, los sistemas de creencias impactan muy fuertemente, a partir del sesgo de conformación. Cuando las personas empatizan con un producto o con idea es muy difícil cambiar su emoción de confianza. De igual forma, cuando se presenta empatía negativa sucede algo parecido pero inverso: será muy difícil hacer querer algo con lo que no se empatiza. La insistencia excesiva en la pronunciación de un discurso de convencimiento sobre esa toma de decisión podría tener incluso un impacto negativo, pues forzaría a cambiar una idea muy arraigada, generando, paradójicamente, un refuerzo de su decisión.

Las decisiones pueden tener dos sesgos importantes en la "resolución de problemas": el "sesgo de confirmación", con el que valoramos como más certero todo que se adecua a nuestro pensamiento previo (sistema de creencias), y la "ley de pequeños números", cuando con muy pocos datos sacamos conclusiones en forma apresurada e inductiva. Todos defectos muy comunes, por cierto.

Nuestro cerebro percibe a los afines a otros partidos como una coalición rival. Esto hasta puede suceder cuando se habla de grupos musicales o de películas. Elegimos y categorizamos a los otros para realizar alianzas o coaliciones tribales basadas en nuestros sistemas de creencias. Es importante también tener en cuenta las neuronas en espejo, localizadas en el lóbulo prefrontal, que se "encienden" ante la presencia de cierta empatía con un candidato o con un elector similar. No obstante, esto puede cambiar a partir de la acción o de los mensajes posteriores, siendo la toma de decisión política un acontecimiento emocional, pero que se va modificado por la razón. La lucha entre la emoción, la razón y las creencias definirá nuestra decisión política.

Es interesante la propuesta del científico Francis Galton, quien plantea que someter un interrogante ante un número mayor evaluados deriva en una mayor asertividad. Por ejemplo, para evaluar el peso de un búfalo, a mayor población encuestada más cerca se estará del peso real. Algo que pudieran considerar los fenómenos democráticos como una gran confirmación de lo asertivo.

Las decisiones complejas a veces no deben excederse en la cantidad de información, un error muchas veces cometido por los principiantes en un partido de poker o de ajedrez. Si bien nuestro cerebro detenta una gran capacidad de recuerdo, solo puede evaluar centenares de eventos exitosos o fracasados por unidad de tiempo, utilizando una función bayesiana que corrige errores y considera aciertos, a diferencia de los análisis que realiza la inteligencia artificial, que evalúa millones de posibilidades. Debemos entonces utilizar recursos eficaces, eficientes y económicos para ser asertivos.

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