
Una conjetura que asalta a este columnista al disponerse a la habitual misión dominguera de analizar-considerar-mostrar y escribir acerca del estado de la Patria, conduce inexorablemente a una primera acción: rejuntar lecturas, historias, análisis, comentarios, decepciones y también temores y arrepentimientos, todos inútiles ahora, es verdad, porque todos son tardíos. Pero también todos enhiestos, porque en un país en llamas alguien tiene que decir ciertas cosas no frívolas.

























