Si ves el futuro dile que no venga: Porvenires argentinos

Somos lo que amamos, somos lo que soñamos. En estas horas donde desde el fondo de las urnas amanece un país diferente a lo que siempre se deseó, vuelve el pensamiento a lo que emociona, a lo que enamora de esta imagen tan extraña que sigue llamándose Argentina.

Opiniones 24/10/2023 Carlos del Frade
Porvenires argentinos

(APe).- El tipo tiene mucha suerte.

Volvió de la muerte y aprendió algo: es muy difícil tener la cabeza en el mismo lugar en el que están los pies.

Despertó a ese nivel de conciencia cuando su hija menor cantó con él. Cuando emocionado le agradeció, la piba lo cortó en seco. Le dijo que siempre cantaba con él. ¿Por qué nunca se había dado cuenta que su hija cantaba con él?. ¿Dónde diablos estaba cuando ella lo acompañaba?. En otro lugar. Su cabeza estaba disociada de sus pies.

Ahora, cuando va y viene por tierras de inimaginables extensiones y trata de escuchar las razones y los sentimientos de decenas de pibas y pibes sobre el presente y el futuro de la Argentina, llega a la conclusión que la mejor manera de entrar en esas cabezas, de entrar en esos corazones es hablar de los amores.

Somos lo que amamos, somos lo que soñamos.

Pero es un borrador. No es una certeza.

Sin embargo, en estas horas donde desde el fondo de las urnas amanece un país diferente a lo que siempre deseó, vuelve a pensar en lo que lo emociona, en lo que lo enamora de esta imagen tan extraña que sigue llamándose Argentina.

Entonces repara en aquellas personas que, aunque existieron hace mucho tiempo, le dan sentido a su propia aventura cósmica.

Vuelve a Belgrano, apasionado y desgarrado de si mismo, ajeno a su propia suerte.

Manuel, cuando todavía pensaba que la revolución triunfaría, escribió aquella frase cargada de misterio: “las tres quintas partes de la población y territorio del antiguo virreinato, escapan a nuestro control; la plata del Alto Perú, bloqueada por la insurrección del Mariscal Nieto, resulta vital para las finanzas; representan el 80 por ciento de las exportaciones de la capital. Además los españoles europeos siguen conspirando. Nuestro país es inmenso y despoblado; tal es su presente; sólo le queda acechar como un tigre un futuro que sin duda será de grandeza”.

Pueblo país convertido en un tigre que acecha su propio futuro que todavía Belgrano aspiraba a que sería de grandeza.

¿A qué futuro acecha este tigre en que ha devenido la Argentina?.

El tipo descubre como una huella imperecedera en su memoria la frase de Juan José Castelli sobre el futuro.

Cuentan los historiadores que según la partida de defunción emitida por la parroquia de la Merced en la vieja Buenos Aires, aquella noche del 11 de octubre de 1812, el orador de la revolución recibió todos los sacramentos.

Pidió papel y lápiz y escribió: “Si ves al futuro dile que no venga”. Sostienen los investigadores que esa carta estaba dirigida a su amigo y defensor Bernardo Monteagudo.

Para Evita, con menos de treinta kilogramos de peso, atravesada por un cáncer atroz, el futuro tenía directa relación con los trabajadores: “…la oligarquía que nos explotó miles de años en el mundo tratará siempre de vencernos. Con ellos no nos entenderemos nunca, porque lo único que ellos quieren es lo único que nosotros no podremos darle jamás: nuestra libertad…cuando todos sean trabajadores, cuando todos vivan del propio trabajo y no del trabajo ajeno, seremos todos más buenos, más hermanos y la oligarquía será un recuerdo amargo y doloroso para la humanidad”. Hermoso sueño. Y extraordinaria la pasión que la animaba a creer en esa imagen, en esa concepción del futuro del pueblo argentino y de las grandes mayorías de esta cápsula espacial cada vez más saqueada, cada vez más frágil.

 El tipo piensa si estas palabras tendrán un eco en esas cabezas y esos corazones de la pibada que lo reciben cada tanto. No tiene respuesta.

En estas horas donde el futuro argentino se juega en el fondo de las urnas, vuelve a aquellas palabras que alguna vez le regalara Silvia Bleichmar cuando le dijo que “la historia es una continuidad. En realidad cada generación de argentinos produce un nuevo intento de independencia. La historia no está acabada porque la independencia no está alcanzada. De allí que sea fundamental recuperar la memoria no solamente desde el lugar de lo que nos hicieron, sino también de los proyectos colectivos que fuimos capaces de lograr. Porque esa es una forma de sentirnos e identificarnos. Nuestros abuelos no pelearon en Vilcapugio, pero durante todo el siglo veinte fueron protagonistas de peleas permanentes por una vida mejor y eso es lo que forma nuestra identidad. Porque la salud, la humanidad de una persona, no solamente pasa por la autoconservación biológica, sino por la autopreservación de la identidad. Hace poco leí una experiencia que me impactó. Un grupo de gatos fue encerrado en una jaula. Algunos de ellos naturalizaron el encierro. Se acostumbraron a la falta de libertad. Y fueron los que primero se murieron. El otro grupo de gatos buscaba desesperadamente la salida. Sufrieron estrés, dormían menos, comían menos, tuvieron gastritis, pero vivieron. De eso se trata, de saber que cada nueva generación en la Argentina pelea por la independencia”, sostuvo en diálogo con el autor de estas líneas.

“Cada generación de argentinos produce un nuevo intento de independencia”, repite el tipo la frase de Bleichmar.

Y sabe que cualquiera sea el resultado de lo que emerja del fondo de las urnas, miles seguirán peleando por un futuro que sea parecido a lo que deseamos para la gente que amamos.

Lo sabe y siente que seguirá por ese mismo lado.

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