La reforma laboral y las desapariciones

Esta reforma laboral es la misma que se impuso con sangre y desapariciones durante la dictadura. Hoy miles de jóvenes sin recibo de sueldo ni obra social, crecidos en la prédica antisindical y antipolítica, en medio del consumismo y el individualismo la miran con simpatía. Pero sin derechos laborales no habrá vida mejor para nadie.
Opiniones25/12/2025 Por Carlos del Frade
La reforma laboral

(APe).- La reforma laboral que impulsa el gobierno votado y ratificado por la mayoría del pueblo argentino está basada en postulados y hechos consagrados a fuerza de desapariciones durante el terrorismo de estado.
¿Sabrá la inmensa cantidad de pibas y pibes que no conocen un recibo de sueldo y que fueron disciplinados en la idea de la inutilidad o la corrupción sindical que lo que viene es la continuidad de la sangre derramada por las botas hoy avaladas por los votos?.
Dice el autor de la biografía de Benito Mussolini, hoy devenida en una miniserie de éxito, que los populismos de derecha necesitan de la demolición de la conciencia histórica. Es probable que no solamente tenga razón sino que eso mismo esté aconteciendo en estos saqueados parajes cósmicos que todavía la rutina obliga a llamar la Argentina.
La Argentina, el país de los derechos laborales.
Hacia 1977, el entonces Ministro de Planificación de la dictadura de los desaparecedores, Ramón Genaro Díaz Bessone, sostuvo: "Los empresarios forman uno de los primeros sectores que constituyen la nación día a día. Acaso por eso fueron uno de los blancos predilectos de la agresión criminal de las hordas marxistas. Por eso la responsabilidad moral es la otra gran vertiente de esta eminente función social, y comienza dentro de la misma empresa. Allí los derechos ceden su lugar a los deberes. Defender la empresa y la propiedad privada contra agresores de toda índole es el primer deber", sostuvo en una clara conciencia del rol de los militares como celadores del gran capital.
Por su parte, uno de los grandes asesinos del terrorismo de estado en Rosario, Agustín Feced, ex jefe de la policía de la entonces ciudad obrera, portuaria, ferroviaria e industrial, tuvo una clara visión del rol histórico de su función:   “...estas organizaciones trabajan sin tener en cuenta el tiempo, el tiempo para ellos es secundario, no nos extrañemos que empiecen, no ahora, sino en una fecha relativamente corta, larga, pero van a volver porque les queda todavía... por empezar que ha sido histórico, una etapa de venganza personal, una venganza personal, como ocurrió con ese teniente coronel que fue a reprimir allá en el sur en la Patagonia trágica y después lo mataron acá en el centro de Buenos Aires... Varela y lo mató un terrorista extranjero...”, declaró el 11 de setiembre de 1984 ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. Feced se sentía la continuidad de Varela, el represor de los huelguistas del año ’21 en la Patagonia. Una clara definición del objetivo del terrorismo de estado.
Para Juan Alemann, ex secretario de Hacienda de la dictadura, sostuvo que «con esta política buscamos debilitar el enorme poder sindical que era uno de los grandes problemas del país. La Argentina tenía un poder sindical demasiado fuerte, frente al cual era imposible el florecimiento de cualquier partido político, porque todo el poder lo tenían ellos (…) Hemos debilitado el poder sindical y ésta es la base para cualquier salida política en la Argentina».
Por eso es fundamental repetir que 6 de cada diez desaparecidos tenían entre 21 y 30 años (32,62 por ciento entre 21 y 25 años y 25,90 por ciento entre 26 y 30 años, sumando un total de  58,52 por ciento) y 6 de cada diez desparecidos eran obreros, empleados, profesionales y docentes, es decir trabajadores (obreros 30,2 por ciento; empleados 17,9 por ciento; profesionales 10,7 por ciento y 5 por ciento, docentes; haciendo un total de 63,8 por ciento del total de desaparecidos).
En estos días de semicolonia y neofascismo, el universo laboral argentino tiene 29 millones 900 mil personas en condiciones de trabajar pero solamente 13 millones 300 mil figuran como ocupadas y de las cuales 9 millones 600 mil aparecen como asalariadas. Casi cuatro millones no tienen descuentos jubilatorios y el monotributo creció en la Argentina desde 1998 de representar al 4,7 por ciento de la población económicamente activa hasta alcanzar el 22 por ciento.
Para miles de chicas y chicos argentinos, sin recibo de sueldo, sin obra social, ni vacaciones pagas, educados en la prédica antisindical y antipolítica y exacerbado su individualismo y consumismo, la reforma laboral de Milei es mirada con simpatía. Es necesario decir, entonces, que sin derechos laborales no habrá vida mejor para nadie, esté en blanco, gris o negro.
Y que esta destrucción del código genético de cualquier sociedad como lo constituye el conjunto de relaciones laborales, no es más que la continuidad de la política de las desapariciones.
Fuentes: INDEC, “Mercado de Trabajo”, segundo trimestre 2025; informe del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía, noviembre de 2025 y “El Rosario de Galtieri y Feced”, del autor de esta nota.

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