
El nuevo año inicia con subas generalizadas en alquileres, transporte, prepagas y servicios
El inicio de 2026 llega con una nueva ronda de aumentos mensuales que impactarán en la inflación y en los gastos cotidianos de los hogares, desde los alquileres y el transporte hasta la salud, los combustibles y las tarifas públicas. A esto se le debe sumar los incrementos de las principales alimenticias de entre el 3 y el 5 %








Antes había gobernado Carlos Menem, quien en medio de la hiperinflación con picos en 1989 y 1990 tuvo un traspaso de poder por adelantado, el 8 de julio de 1989. Al asumir con Miguel Roig como ministro de Economía –falleció súbitamente y lo reemplazó Néstor Rapanelli, tal como su predecesor, ejecutivo de Bunge & Born– también la devaluación fue de 0%, pero en una crisis galopante: la devaluación se había resuelto con el estallido del Plan Austral y el fracaso del Plan Primavera en abril de 1989, cuando el dólar pasó de 80 australes a 200 australes: un 150%. El cambio de moneda del peso al austral había sido lanzado por el ministro de Economía ortodoxo Juan Sourrouille en 1985, y se inició con paridad 1 austral equivalente a 1 dólar estadounidense. Seis años después, en abril de 1991, la convertibilidad del ministro de Economía Domingo Cavallo se inició con 1 dólar equivalente a 10.000 australes.
Así, desde el vamos, la pérdida del poder de compra del salarió de diciembre contra noviembre del año fue del 16% para los trabajadores estatales; del 11% para los trabajadores registrados del sector privado, y del 14% para los trabajadores del sector privado no registrados, recopiló el Mirador con datos del Indec.
Y también los mismos gremios tuvieron fuerte impacto, que alcanzó a 24.388 millones de pesos menos: “La cuota sindical que pagan los trabajadores es un porcentaje fijo del salario. Al caer el salario, cae la cuota y los sindicatos pierden ingresos”.
Con todo, la transferencia de recursos transitó en una dirección nítida de suma cero: desde sectores más endebles hacia otros más poderosos, sin que la licuación salarial haya afectado ni a “la casta” ni a los “empresaurios” que definió genéricamente el el presidente Milei. Y la transferencia se operó sin que los beneficiarios enunciaran crisis alguna ni balances negativos, lo cual acerca al plan motosierra no a una estabilidad como mejora de ingresos familiares, sino a un chiste que continúa circulando por redes sociales, que invita a “hacer un sacrificio para que los ricos ganen más”.












