


Brinkmann: El caso Pablo Mora y las grietas de una noche insegura
Miguel Peiretti
La violenta noche en la esquina de Bulevar Belgrano y Alberto Giacosa dejó marcas físicas dolorosas en el comerciante Pablo Mora, quien debió enfrentar una cirugía reconstructiva por fracturas en su rostro tras recibir una paliza en patota. Sin embargo, la onda expansiva del hecho caló mucho más hondo en la comunidad de Brinkmann. Aunque la Fiscalía de Morteros, a cargo de Francisco Payges, avanzó con rapidez imputando por lesiones graves a tres adolescentes de 15, 16 y 17 años, la respuesta judicial actúa apenas como un paliativo. En las calles, los vecinos y trabajadores de la noche exigen discutir lo que pasa antes de que vuelen las patadas: la falta de un marco de contención y prevención local.


El caso de Mora, quien intervino de manera altruista para defender a un joven cliente que estaba siendo castigado frente a su puesto gastronómico, desnudó una preocupante cadena de ausencias institucionales que los comerciantes independientes vienen denunciando en voz baja.
Consumo problemático y adolescencia: la contención ausente
El primer eje del debate apunta a la políticas públicas destinadas a la contención de la adolescencia y el abordaje del consumo problemático de sustancias que no tiene resultados. El propio damnificado remarcó en sus declaraciones el nivel de ensañamiento y la desconexión con la realidad de los agresores: "Me pegaron con tanta violencia que realmente pienso que están motivados con alcohol o algo más".
La noche brinkmanense al igual que en las ciudades y poblaciones de la región el desamparo juvenil y las adicciones caminan de la mano sin que existan trabajos en el territorio. La discusión comunitaria ya no pasa por el mero castigo penal a los menores, sino por la inexistencia de redes que detecten y contengan de manera temprana la violencia marginal en los sectores más vulnerables de la juventud antes de que los boliches cierren sus puertas.
El desvío de la mirada: el expendio de alcohol a menores
Directamente ligada al consumo, surge otra problemática histórica sobre la que se evita actuar con firmeza: la falta de controles severos e inspecciones sobre el expendio de bebidas alcohólicas a menores de edad. Es un secreto a voces que los canales de acceso al alcohol para adolescentes se han flexibilizado al extremo no solo en Brinkmann, sino en todos los rincones de la región. Los comerciantes que intentan cumplir con las normativas locales vigentes observan con impotencia cómo las "previas" clandestinas y los comercios que miran para otro lado operan con total impunidad. La falta de acciones preventivas y de clausuras ejemplares por parte del municipio y la aplicación del Código de Convivencia por parte de la policía en esa materia alimenta un circuito de descontrol que termina estallando a las 5 de la mañana en las veredas comerciales.
El síntoma de una década de abandono
Frente a este escenario, la mirada no puede quedarse únicamente en la indignación del golpe. Estos adolescentes de 15, 16 y 17 años involucrados en la agresión son, en última instancia, las víctimas de una sociedad que eligió mirar hacia otro lado durante demasiado tiempo. Lo que hoy vemos en las calles de Brinkmann al igual que en otras poblaciones es el resultado directo y palpable de la falta de implementación de políticas públicas reales y sostenidas de infancia y juventud desde hace más de una década. Muchas veces hijas e hijos de consumidores que copian esos modelos al no acceder a políticas públicas que permitan desde la niñez mediante la cultura, el deporte y la educación desde un trabajo integral que les muestren otro modelo, es lo que termina pavimentando el camino para que la marginalidad y la violencia se conviertan en el único lenguaje disponible cuando llegan a la adolescencia y la juventud. El hecho del en el local Morra, no es un hecho aislado; es el reflejo en el espejo de un fracaso social acumulado.
Seguridad Ciudadana: la desprotección al comercio local
Por último, el brutal ataque puso bajo la lupa el rol real y la efectividad de la Guardia Urbana (Seguridad Ciudadana) y la propia Policía de la Provincia en las zonas comerciales álgidas durante la madrugada. A pesar de los anuncios oficiales sobre patrullajes y prevención de convivencia, la madrugada de ese día demostró que los comerciantes están arriesgando el pellejo solos frente a la delincuencia o las grescas nocturnas.
"De Brinkmann no me llamó ninguna autoridad", reclamó Mora desde su internación, reflejando el abandono que sienten quienes sostienen la actividad económica local y pagan sus tasas municipales. El reclamo del sector es urgente: se necesitan corredores seguros, presencia activa de los móviles de Seguridad Ciudadana fijos en los polos gastronómicos nocturnos y respuestas de auxilio inmediatas, en lugar de patrullajes distantes que solo llegan cuando las ambulancias ya están en el lugar.
La imputación formal de los tres jóvenes agresores nada soluciona, no solo Brinkmann, toda la región necesita empezar a debatir en serio la salud de su noche, el control de las adicciones y la deuda histórica que tiene con la contención de su propia juventud, caso contrario las esquinas en un plazo no demasiado largo pueden transformarse en una ruleta rusa.





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