


Radiografía de la lechería argentina: producción eficiente, récord exportador y un consumo interno en alerta
Miguel Peiretti
La lechería en la Argentina atraviesa un escenario de contrastes profundos. Por un lado, la cadena de valor consolida un perfil exportador récord impulsado por la necesidad de colocar excedentes en el exterior. Por el otro, la estructura primaria enfrenta una fuerte concentración de la producción y un mercado interno deprimido que enciende las alarmas en las góndolas locales.


Según datos consolidados del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) y la Bolsa de Comercio de Rosario, la producción nacional proyecta un techo de entre 11.700 y 12.250 millones de litros de leche. Sin embargo, este volumen se genera en un mapa de arraigo rural transformado: aunque el número total de tambos activos descendió a 8.813 establecimientos, la productividad por unidad se disparó a un promedio de 3.287 litros diarios (un 27% más alta que el promedio del último lustro).
Esta eficiencia técnica está traccionada por los llamados "megatambos" (aquellos que superan los 10.000 litros por día), que ya representan casi el 30% de la producción total del país, ganando terreno sobre los esquemas familiares de menor escala. Geográficamente, la cuenca central de la Provincia de Córdoba lidera el abastecimiento nacional, seguida por Santa Fe y Buenos Aires; entre las tres provincias concentran el 90% de las vacas lecheras del país.
El mercado internacional como válvula de escape
Frente a una macroeconomía local compleja, el sector externo se convirtió en el gran dinamizador del negocio lácteo. En los primeros siete meses del año, las exportaciones superaron los 987 millones de dólares (más de 259.000 toneladas), estimándose un cierre anual cercano a los 2.000 millones de dólares, lo que representaría la marca de divisas más alta de los últimos 14 años.
Actualmente, los mercados internacionales absorben el 28,7% de toda la leche producida en la Argentina. La leche en polvo entera y los quesos lideran los despachos, con Brasil afirmado como el principal socio comercial de la región. No obstante, este récord en volumen se da en un contexto de precios internacionales moderados, con un valor promedio por tonelada que ronda los 3.807 dólares (un 5,1% inferior al ejercicio previo).
La otra cara de la moneda: el consumo doméstico
La contracara de la fortaleza exportadora se vive en el mostrador interno. Las principales firmas lácteas del país han reportado caídas reales superiores al 10% en sus ventas locales en términos interanuales, reflejando una marcada migración de los consumidores hacia segundas marcas o productos de menor valor agregado (caída en leches fluidas y quesos duros frente al crecimiento de opciones más económicas).
A pesar del ingreso de divisas y el sostén de líneas de financiamiento oficiales para la tecnificación —como los créditos para la instalación de robots de ordeñe—, el balance global de la cadena opera bajo tensión financiera debido a la inflación de costos logísticos y de insumos. El precio percibido por el productor en la tranquera sigue corriendo de atrás a las necesidades operativas de las cuencas del interior, planteando un desafío estructural: cómo sostener la rentabilidad del eslabón primario sin asfixiar el bolsillo del consumidor local.




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