


J.J. Zenclusen "Para la familia es una alegría inmensa que mi hermano ya descanse en Vignaud"
Miguel Peiretti
Para los Zenklusen, el regreso definitivo de Edgardo a Colonia Vignaud representa el cierre de un ciclo lleno de amor y entrega. "Es una alegría intensa tener un recuerdo de mi hermano, que dio toda su vida acá en el colegio. Siempre lo acompañamos", expresó Juan José con notable emoción.


El vínculo del Padre Edgardo con Vignaud era tan fuerte que superaba la distancia con su entorno familiar: "Cuando estaba con mi papá y mi mamá, para nosotros era toda una alegría. Pero él vivía acá, en Vignaud. Pasaba una semanita en casa y ya se volvía para el colegio, porque acá lo tenía todo".
Vignaud: su verdadero hogar
Al ser consultado sobre lo que significaba la localidad para el sacerdote, Juan José fue categórico: "Era su casa. Más que cuando venía a vernos; él estaba allá con nosotros, pero ya estaba mirando para acá".
El hermano del religioso recordó con nostalgia los años de servicio en el pueblo: "Él estaba acá en el colegio, en una piecita. Ahí recibía a la gente que quería bautizarse o que simplemente necesitaba la palabra del Padre".
El deseo de volver y los últimos días
El camino del Padre Edgardo lo llevó lejos de su querido santuario en sus últimos años, un cambio que asimiló con dificultad. "Primero lo mudaron a Santa Fe y ahí no se encontró muy a gusto, porque extrañaba esto. De Santa Fe lo trasladaron a Córdoba, donde lo fuimos a visitar dos o tres veces antes de que falleciera", relató Juan José.
Fiel a su amor por la comunidad salesiana local, el último anhelo del sacerdote no pudo concretarse en vida. "Edgardo siempre decía que su deseo era morir en Vignaud. No lo pudo hacer porque acá se le fue Carlitos Bossio, que era muy compañero de él, y solo no podía con todo esto, que es tan grande. Por suerte, gracias a Dios, la gente que tomó el mando ahora lo está llevando muy lindo", destacó, agradeciendo el presente de la institución.
Un vacío que se llena con su legado
Juan José, a quien muchos le destacan el enorme parecido físico con su hermano, no ocultó el dolor de la pérdida pero prefirió centrarse en las costumbres que definían la generosidad del Padre Edgardo.
"Sentimos una tristeza grande porque se nos fue. Él venía siempre a mi casa en Nochebuena. Pero primero iba al campo donde nació en Villa San José, donde ahora no queda más nada que la casa. Salía temprano a la tarde porque la misa era a la noche; recorría el lugar, venía, confesaba... Mi hermana siempre le decía que bajara un cambio, pero él se debía a su gente", concluyó, rememorando la incansable labor pastoral de un hombre que ya descansa en la tierra que tanto amó.




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