


El consumo en rojo sumerge a Santa Fe en uno de sus peores períodos económicos
Miguel Peiretti
El sector comercial de la ciudad de Santa Fe transita el primer semestre de 2026 sin señales claras de reactivación, consolidando un escenario complejo que arrastra casi dos años de ventas en franco retroceso. De acuerdo con el último informe del Observatorio del Centro Comercial de la capital provincial, la actividad económica dejó de caer al ritmo vertiginoso que se registró durante 2024 y 2025, pero continúa totalmente estancada sobre un piso muy bajo, con costos operativos en alza y márgenes de ganancia cada vez más reducidos.


Carlos Arese, director del organismo empresario, fue contundente respecto al diagnóstico actual del sector: “Las ventas se han estabilizado, pero sobre un piso extremadamente bajo. No se observa una recuperación real del consumo y a los propietarios cada vez les cuesta más sostener la rentabilidad, hacer frente a los alquileres y mantener los puestos de trabajo de sus plantillas”.
La cronología de la sequía en las ventas
Para los analistas del Observatorio, el punto de mayor quiebre del último tiempo se concentró en la primera mitad del año 2024. Durante ese tramo, las ventas mayoristas y minoristas registraron caídas interanuales de dos dígitos, acompañadas por una retracción del consumo masivo con una fuerza pocas veces vista en la región. “Fue, sin dudas, uno de los peores períodos para la actividad comercial en mucho tiempo”, remarcó Arese.
Durante la segunda mitad de ese año, el desplome generalizado perdió velocidad, aunque nunca dio paso a una etapa de recuperación. El panorama durante todo el 2025 repitió la misma tendencia negativa: los balances volvieron a cerrar en terreno rojo, esta vez medidos contra una base de comparación que ya arrastraba un atraso significativo.
Un breve alivio temporal apareció recién en diciembre del año pasado, impulsado por el movimiento estacional de las fiestas de fin de año. Sin embargo, ese repunte en las compras navideñas quedó reducido a un fenómeno aislado y no alcanzó para modificar la balanza anual. “Un buen mes no compensa un año de pérdidas generalizadas”, sintetizaron desde la entidad empresaria.
Costos en alza y desocupación de locales
A pesar de que el derrumbe estadístico se detuvo en este inicio de 2026, el verdadero problema que enfrentan las pequeñas y medianas empresas (PYMEs) radica en la asfixiante estructura de costos. En la actualidad, el 50% de los comerciantes que alquilan deben destinar más del 20% de su facturación total exclusivamente al pago del local. Para otro 15% de los inquilinos, la presión es aún más grave: el costo locativo supera con holgura el 30% de sus ingresos.
“Hace algunos años, esos porcentajes de incidencia sobre la facturación eran considerablemente más bajos”, advirtió el referente del sector. A este combo se le suman las constantes subas en las tarifas de servicios públicos, los compromisos salariales de las paritarias y el elevado costo del financiamiento bancario.
Esta delicada ecuación financiera impacta directamente en las calles de la capital santafesina. Los relevamientos oficiales correspondientes al mes de mayo encendieron las alarmas al revelar que el 13,2% de los locales comerciales se encontraban desocupados, una cifra que marca un incremento visible respecto a la medición de fines del año pasado. Para el Observatorio, la vacancia no responde únicamente al avance del comercio digital, sino a la debilidad estructural del consumo interno y la falta de políticas de estímulo.
Un mercado fragmentado y pérdida de empleo
La crisis de los comercios de cercanía tiene su correlato directo en el mercado laboral bajo la modalidad de un goteo silencioso. Si bien no se registra una ola masiva de despidos, las empresas aplican un ajuste permanente mediante vacantes operativas que quedan congeladas, jubilaciones anticipadas que no se reemplazan y reducciones paulatinas en las jornadas laborales.
Esta sangría silenciosa ya impacta de lleno en los índices sociolaborales del Gran Santa Fe, donde la tasa de desocupación escaló del 4,8% al cierre de 2025 al 6,5% durante el primer trimestre de 2026. Se trata de un incremento de 1,7 puntos porcentuales en apenas tres meses que, si bien se ubica por debajo de la media nacional (7,8%) y del Gran Rosario (8,2%), ratifica la tendencia de precarización laboral.
Finalmente, el informe técnico pone el foco en una profunda segmentación social del consumo. Mientras una gran porción de la clase trabajadora se ve obligada a recortar la compra de alimentos básicos para alcanzar a cubrir sus necesidades de fin de mes, otro sector minoritario mantiene intacta su capacidad para gastar en turismo, viajes y bienes suntuarios. Esta brecha económica golpea con mayor dureza al comercio barrial y de cercanía, que depende exclusivamente del poder adquisitivo cotidiano de los vecinos de la región.






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