
“Nunca la AFA pregunta por el origen del dinero”, había dicho Julio Grondona, eterno presidente de la casa madre del fútbol. Hoy esa AFA es el ring donde se disputa el poder entre las minorías que se enriquecen con las pasiones y necesidades populares. Otra fotografía del país goleado.









Cinco meses y medio en los que la vida de Pablo sigue en vilo no bastaron, sin embargo, para que el Congreso obligara a la ministra todopoderosa de Seguridad a sentarse a explicar con lujo de detalles qué ocurrió aquel día. Cinco meses y medio no parecen haber sido suficientes para insuflar de coraje a quienes tienen que reclamar por los motivos de esa crueldad que se ensañó en el cuerpo de Pablo. Cinco meses y medio no constituyeron razones de fondo para mirar a los ojos a los afectos de Pablo y explicar aquello que no tiene explicaciones. Y tratar de decirles (no hay perdones posibles) por cuáles razones de seguridad nacional el líquido cefalorraquídeo (LCR) no es hoy suficiente para cubrir todo el cerebro. Por qué, como dijo su hermano Emiliano, “es él, pero no es él”. Por qué “es otro Pablo”, que “hace todo muy lento”, que “le cuesta sostener la atención” y que “si escucha música, no puede comer”.











