


A reabrir las puertas de la verdad



(APe).- Tendrá unos 47 años. Ya no aparecen niños. Ni adolescentes. Ya son nietos sin abuelas, son nietos con abuelas perdidas, nietos perdidos con abuelas que se fueron muriendo mientras los buscaban desesperadamente. Tendrá 47 tal vez y apareció. Volvió a una vida a la que había nacido hace 47 pero que durante 47 no la sabía. No la supo durante la mayor parte de su vida a esa vida que tenía dentro, en la sangre, en la saliva que la memoria deja anclada en los surcos de los cuerpos.
No la supo hasta ahora, cuando la memoria se repliega (la repliegan), cuando se cierran las puertas, los archivos, los laboratorios, los ADNs, las mazmorras de los genocidas, las cortinas de la verdad. Cuando la verdad, esa alfombra tan pisoteada, quiere ser interpretada por los voceros de los asesinadores, aparece ella, hija de Noemí Beatriz Macedo y Daniel Alfredo Inama. Secuestrados en noviembre de 1977. Nacida ella entre enero y febrero de 1978.
Aparece ella como aparece el sol en cada amanecer de esta vida, para disputarle territorio a la crueldad.
Aunque los amigos usureros presten 11 mil millones de dólares más para pagar la deuda externa, que cada vez es más grande y por eso volverán a prestar para poder pagarla y como será impagable la cadena al cuello de esta tierra será inmensa, ella aparece, tímidamente, como para empezar a decir algunas cosas.
Aunque el monje negro encargue una megaencuesta donde pregunte "¿En qué país prefiere vivir?. En un país con un gobierno democrático que respete los derechos individuales de las personas" o "En un país con un gobierno autoritario que logre buenos resultados económicos". Aunque el futuro aparezca así de oscuro, con un dueño del mundo, íntimo del presidente, saludando con brazo nazi, así y todo, ella aparece. Y aparece mujer. Toda una temeridad en tiempos de brutal profundización viril.
Aunque los que evaden y fugan sean los héroes y los pobres los culpables, aunque se hayan apropiado de la libertad para enajenarla y ultrajarla, ella aparece para insistir en que vale la pena. En que no se perdió todo.
Porque en diciembre llegó el hijo de Marta Pourtalé. Y ahora la hija de Noemí Macedo. Dejando claro para los que anden prendiendo fuego la historia que las mujeres van a seguir pariéndola. Y la memoria estará clavada firme en esta tierra. Para siempre.










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