


José de San Martín: El estadista olvidado y su revolución sobre la tierra
Miguel Peiretti
El general José de San Martín pasó a la historia oficial como el "Padre de la Patria" por sus extraordinarias hazañas militares. Sin embargo, su faceta como político, legislador y administrador de recursos revela a un pensador civil de una modernidad asombrosa para el siglo XIX. Su visión no buscaba el poder personal, sino la construcción de instituciones sólidas, la justicia fiscal, el progreso social y la emancipación definitiva de América del Sur a través de la transformación de sus estructuras productivas.


El Gobernador de Cuyo: El nacimiento del estadista y el desarrollo agrícola
Su verdadera gestión política comenzó en 1814, cuando asumió la gobernación de la Intendencia de Cuyo (Mendoza, San Juan y San Luis). Allí demostró una capacidad administrativa excepcional, transformando una región fronteriza en un motor económico autónomo:
Justicia fiscal: Estableció impuestos extraordinarios a las grandes fortunas y propiedades, pero eximió de cargas a los sectores más vulnerables y reguló los precios de los artículos de primera necesidad para evitar la especulación.
Fomento e infraestructura: Extendió la red de canales de riego para incorporar tierras áridas a la producción vitivinícola, impulsó la minería de cobre y plomo, e introdujo el cultivo de la alfalfa para el ganado.
Políticas de colonización: Promovió la entrega y reparto de parcelas estatales a pequeños productores, descentralizando el uso de la tierra para dinamizar la economía rural.
Salud y educación: Fundó colegios, bibliotecas públicas y laboratorios de medicamentos. Ante una epidemia de viruela, introdujo la vacunación obligatoria en la región, adelantándose a las políticas sanitarias modernas.
El Protector del Perú: El quiebre del feudalismo y la reforma de la tierra
Al declarar la independencia del Perú en 1821 y asumir el rol de Protector, San Martín aplicó sus ideales de libertad e igualdad a través de decretos fundacionales que buscaron desmantelar el orden colonial. Si bien no existía el concepto moderno de "reforma agraria", sus medidas atacaron de raíz el latifundio y la explotación en el campo:
Abolición del feudalismo y propiedad nativa: Eliminó de forma definitiva los repartimientos y encomiendas, el sistema colonial que otorgaba tierras a los conquistadores junto con el derecho a explotar a los habitantes locales. Dispuso el reparto gratuito de tierras estatales a los indígenas y comunidades rurales despojadas, reconociéndolos como legítimos propietarios del suelo que trabajaban.
Prohibición del trabajo forzado: Abolió la mita y el yanaconazgo (formas de servidumbre rural), decretando que ningún ciudadano podía ser obligado a trabajar la tierra de otro sin un salario justo y pactado voluntariamente.
Confiscación de latifundios realistas: Expropió los grandes campos, haciendas y estancias que pertenecían a los nobles españoles y criollos que habían huido o que financiaban al ejército enemigo. Esas tierras pasaron al Estado y fueron destinadas al asentamiento de familias campesinas.
Derechos humanos y cultura: Declaró la Libertad de Vientres (todo hijo de esclavo nacía libre) y proclamó que todos los habitantes originarios eran ciudadanos con plenos derechos. Además, fundó la Biblioteca Nacional del Perú (donando sus propios libros) y creó la Escuela Normal para maestros.
Su pensamiento y el renunciamiento al poder
Políticamente, San Martín era un pragmático de ideas ilustradas. Creía que la independencia debía consolidarse antes de discutir las formas definitivas de gobierno. Temía que la falta de educación cívica, la concentración de la riqueza y las ambiciones personales sumergieran a las nuevas naciones en una guerra civil; una profecía que lamentablemente se cumplió en el Río de la Plata.
Su rasgo político más distintivo fue el renunciamiento. A diferencia de otros líderes de la época, rechazó los cargos de Director Supremo en Chile y renunció al Protectorado del Perú tras la histórica Entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar. Su máxima "Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra están cumplidas: hacer su independencia y dejar a su elección sus gobiernos" resume una ética política inquebrantable que entendió que la verdadera libertad requería, antes que nada, ciudadanos dueños de su propia tierra y de su propio destino.
Este profundo cuestionamiento al orden establecido y sus avanzadas reformas económicas y sociales terminaron pasándole factura. Las élites terratenientes y los sectores concentrados del poder no le perdonaron haber tocado sus intereses estructurales ni haber repartido la tierra entre los desposeídos. Desgastado por las internas políticas, incomprendido por las burguesías porteña y limeña, y cercado por una creciente campaña de desprestigio, San Martín comprendió que sus acciones revolucionarias ya no tenían lugar en la América de las guerras civiles. Así, el hombre que había transformado la matriz productiva y social de medio continente se vio empujado a un injusto exilio en Europa, donde pasó sus últimos años en el anonimato, pagando con el destierro el precio de haber osado diseñar una patria verdaderamente libre e igualitaria.
Fuentes: Archivo Histórico de Mendoza, la Gaceta Oficial del Perú, "El Santo de la Espada" y "San Martín y la política de su tiempo" (Ricardo Rojas), "Historia de la República del Perú" (Jorge Basadre), "San Martín: La fuerza de la existencia" (Rodolfo Terragno)




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