


Hito de la ciencia argentina: descubren un mecanismo común para frenar al dengue, Zika y fiebre amarilla
Miguel Peiretti
Dos décadas después de haber descifrado cómo se replica el virus del dengue, el equipo de virología molecular de la Fundación Instituto Leloir (FIL), liderado por la reconocida científica Andrea Gamarnik, volvió a marcar un hito histórico para la ciencia a nivel mundial.


A través de una investigación interdisciplinaria, el grupo de científicos demostró que todos los virus pertenecientes al género Orthoflavivirus (que incluye al dengue, Zika y la fiebre amarilla, entre otros) comparten una estructura esencial y única para iniciar la producción de copias de su material genético (ARN).
Este hallazgo no es solo un logro teórico: el equipo logró identificar dos moléculas químicas que logran acoplarse a este sitio "universal", bloqueando por completo la multiplicación de los virus en entornos de laboratorio. Este avance significa un paso crucial hacia la creación de tratamientos antivirales de amplio espectro, una especie de "llave maestra" médica.
El "talón de Aquiles" de los virus
El nuevo descubrimiento se conecta directamente con el trabajo que, hace exactamente 20 años, le valió a la Dra. Andrea Gamarnik el reconocimiento de la comunidad científica internacional. En aquel entonces, su laboratorio reveló por primera vez los mecanismos que utiliza el dengue para infectar tanto a mosquitos como a seres humanos, un patógeno que afecta a entre 100 y 400 millones de personas cada año en todo el planeta.
Ahora, la investigación publicada en la prestigiosa revista científica Plos Pathogens confirma que ese mismo mecanismo no es exclusivo del dengue, sino que es una regla general para todo su género biológico.
"Descubrimos que todos los virus del género Orthoflavivirus peligrosos para los humanos comparten una pieza esencial dentro del mecanismo que utilizan para multiplicarse en la célula y además propusimos que esta pieza es un talón de Aquiles común a todos ellos", detalló a la Agencia CyTA-Leloir el Dr. Santiago Oviedo-Rouco, miembro del Laboratorio de Virología Molecular de la FIL y autor principal del artículo.
Con esta certeza, los científicos iniciaron una búsqueda orientada a encontrar compuestos capaces de interferir en esa pieza clave. "Encontramos compuestos químicos que interfieren en este mecanismo y frenan la infección de muchos de ellos en modelos de laboratorio. A largo plazo, esto puede llevar a tener un antiviral de amplio espectro; es decir, un solo medicamento capaz de tratar diferentes virus”, amplió el investigador.
Ciencia interactiva: jugar con piezas de "Lego" biológicas
Para validar de forma práctica la hipótesis de que esta estructura molecular era compartida y universal, el grupo de la FIL implementó una estrategia metodológica tan innovadora como gráfica: trabajaron con la estructura del virus del dengue como si se tratara de un juego de construcción.
Bajo esta lógica de encastre, los investigadores fueron removiendo la pieza promotora del dengue y la reemplazaron secuencialmente por las piezas homólogas extraídas de otros virus transmitidos tanto por mosquitos como por garrapatas.
"¡Anduvo con todos ellos! Esto demostró que los orthoflavivirus comparten un mismo mecanismo de multiplicación y que esas porciones clave de ARN que son promotoras para la replicación en distintos virus son intercambiables entre sí”, remarcó entusiasmado Oviedo-Rouco.
El aporte de la inteligencia informática
Una vez demostrada la universalidad de la pieza, el desafío pasó a ser cómo bloquearla de manera efectiva. Para automatizar y dar precisión a esta búsqueda, el laboratorio de Gamarnik unió fuerzas con el ámbito del modelado computacional.
El proyecto sumó la colaboración de la Dra. Mehrnoosh Arrar, especialista en modelado de biomoléculas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y del CONICET.
“Este trabajo interdisciplinario permitió, además, poner a prueba métodos computacionales fundamentales para el campo de la predicción de estructuras de ARN”, destacó Arrar, poniendo en valor el cruce productivo entre la biología molecular de laboratorio y la informática de alta complejidad.
Tras un rastreo digital pormenorizado sobre miles de combinaciones, el equipo logró dar con un compuesto químico altamente prometedor que demostró en los ensayos unirse con éxito a la pieza molecular universal, deteniendo la propagación viral.
Un camino largo pero con una meta superadora
A pesar del enorme optimismo reinante en el laboratorio, los científicos mantienen la prudencia respecto a los plazos requeridos para que este hallazgo de laboratorio llegue a los mostradores de las farmacias o a los centros de salud.
El Dr. Oviedo-Rouco aclaró que aún resta transitar un largo sendero de desarrollo clínico, el cual demanda obligatoriamente pruebas en modelos animales y fases experimentales en seres humanos para medir variables críticas como la toxicidad, la estabilidad del compuesto y su efectividad real, además de resolver la logística interna para su eventual producción industrial y comercialización masiva.
No obstante, el investigador principal ponderó el valor diferencial del proyecto: “Aunque este camino es largo, nuestro descubrimiento ofrece una ventaja fundamental: no estamos buscando un tratamiento para una sola enfermedad, sino una llave maestra que podría protegernos contra múltiples virus actuales y, lo más importante, contra amenazas que aún no conocemos”.
Por su parte, la Directora del laboratorio, Andrea Gamarnik, definió el logro como la síntesis perfecta de un esfuerzo sostenido en el tiempo. “Es el corolario de 20 años de estudios, que comenzó con el descubrimiento de un mecanismo básico de la biología del virus del dengue, que ahora estamos utilizando para la búsqueda de antivirales que podrían ser útiles para muchos otros virus”.
"Uno no sabe de antemano el impacto que hay detrás de los descubrimientos. Pueden pasar muchos años hasta que vemos su aplicación, pero así funciona la ciencia”, reflexionó la viróloga.
La otra realidad: el reclamo por el desfinanciamiento científico
El logro de la Fundación Instituto Leloir se produce en un escenario de extrema complejidad institucional para el sector de la ciencia y la tecnología en la Argentina. Gamarnik no ocultó su profunda preocupación por las políticas presupuestarias que afectan directamente el día a día de los laboratorios locales.
“Hoy nos invitan a presentar nuestros descubrimientos en universidades e institutos de distintas partes del mundo, mientras que en nuestro país atravesamos un profundo desfinanciamiento del sistema científico, que desmantela y expulsa a nuestros equipos de trabajo”, denunció la investigadora.
Hacia el final, la científica lanzó una advertencia cruda sobre el impacto del ajuste en las partidas del área: “Si esta política no cambia pronto, el daño será irreparable y sus consecuencias se sentirán, al menos, durante varias generaciones”.






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