Rodolfo Walsh, a casi cinco décadas de su desaparición: «El silencio no es neutral»

En un nuevo aniversario de su asesinato, la vida del periodista y escritor argentino se reconstruye como una secuencia de decisiones que lo llevaron de la literatura al compromiso político y, finalmente, a enfrentar con su palabra a la dictadura.
Sociedad25/03/2026 PorJulieta Rojas

Rodolfo Walsh

A casi cinco décadas de su desaparición, la figura de Rodolfo Walsh permanece como una de las más trascendentes del periodismo argentino. Su vida no puede leerse de manera lineal: es, más bien, una sucesión de rupturas. Cada etapa implicó una toma de posición más profunda frente a la realidad. Desde sus primeros pasos en la literatura hasta su enfrentamiento final con la dictadura, Walsh construyó un camino donde la escritura dejó de ser un oficio para convertirse en una forma de reacción y posicionamiento.

“Fui lavacopas, limpiavidrios, comerciante de antigüedades y criptógrafo”, decía, con ironía, intentando correrse de la solemnidad. Pero detrás de esa frase había una definición: la de alguien que eligió involucrarse con su tiempo.

Su vida antes del periodismo de investigación

Antes de convertirse en un referente del periodismo de denuncia, Walsh fue un escritor formado en el rigor del lenguaje y la tradición literaria. Criado en un entorno conservador y educado en instituciones religiosas, su vínculo inicial con la escritura estuvo lejos de la política.

A los 17 años ingresó a la Editorial Hachette como traductor y corrector. Allí aprendió el oficio en su forma más técnica. En 1953 publicó Variaciones en rojo, libro de cuentos policiales con el que obtuvo el Premio Municipal de Literatura.

En esos años, Walsh aún no era el periodista comprometido que marcaría una época. Su escritura se movía en el terreno de la ficción, particularmente el policial, y su mirada sobre la realidad no había incorporado todavía la dimensión política que más tarde definiría su obra.

“Soy lento, he tardado quince años de pasar del mero nacionalismo a la izquierda” (Walsh, 1996). Esa evolución no fue abrupta, pero sí definitiva.

El bombardeo en Plaza de Mayo

El Bombardeo de Plaza de Mayo fue un punto de inflexión que comenzó a resquebrajar su mirada sobre la realidad de Argentina.

Sin embargo, aquel 16 de junio de 1955, cuando aviones de la Marina bombardearon a la población civil en pleno centro de Buenos Aires, dejó al descubierto una violencia estatal que hasta entonces no ocupaba el centro de sus preocupaciones. El ataque, que buscaba derrocar al gobierno constitucional, mostró una dimensión del poder que no podía ser comprendida desde la lógica del relato policial ni desde la distancia del escritor.

Ese contexto fue sedimentando en su conciencia. No se trató de una reacción inmediata, sino de un proceso. El verdadero impacto del bombardeo se evidenció en lo que vino después.

En 1956, pocos meses después del levantamiento fallido contra la autodenominada Revolución Libertadora. En ese contexto, un grupo de civiles fue detenido ilegalmente y fusilado en la localidad bonaerense de José León Suárez, en un operativo clandestino del Estado. Lo que se intentó presentar como un procedimiento legal ocultaba, en realidad, ejecuciones sumarias.

Tiempo después, Walsh se encontraba en un bar de La Plata, jugando al ajedrez, cuando escuchó esa frase que cambiaría su vida: “Hay un fusilado que vive.” La expresión hacía referencia a uno de los hombres que había sido dado por muerto en esos fusilamientos había sobrevivido. Ese sobreviviente era Juan Carlos Livraga.

La frase condensaba algo inminente: si alguien había sobrevivido, entonces el relato oficial era falso. Algo no cuadraba. Esa sospecha llevó a Walsh a investigar el caso junto a la periodista Enriqueta Muñiz. A medida que avanzaba, descubrió no solo la existencia de sobrevivientes, sino también un entramado de detenciones ilegales, ejecuciones y encubrimiento estatal.

La novela de no ficción

Esa investigación derivó en Operación Masacre, obra fundacional del periodismo de investigación en la Argentina, así como también pionera que inauguró la novela de no ficción en la Argentina. Pero, más importante aún, marcó un quiebre personal: Walsh dejó de ser un escritor de ficción para convertirse en un periodista comprometido con descubrir lo que pasaba realmente en el país.

Allí, Walsh no sólo reconstruyó los hechos, sino que expuso un crimen oculto del Estado. El libro no solo expuso la mecánica de los fusilamientos, sino que también dejó en evidencia la impunidad de sus responsables.

Rodolfo Walsh, a casi cinco décadas de su desaparición: "El silencio no es neutral"
Walsh, Rodolfo – Operación Masacre – Primera edición – (1957).

“Operación Masacre cambió mi vida. Haciéndola, descubrí… que existía un amenazante mundo exterior” (Walsh, 1996), diría más tarde.

Ya no se trataba de narrar historias, sino de intervenir en la realidad y develar lo que realmente ocurría fuera del discurso oficial.

La creación de la agencia de noticias clandestinas

Con el golpe de Estado de 1976, encabezado por Jorge Rafael Videla, Walsh dio un paso definitivo. Frente al silencio impuesto por la dictadura, decidió crear la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA).

Desde allí difundía información sobre secuestros, desapariciones y represión. Su consigna era clara y urgente: “Reproduzca esta información, hágala circular… El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento”.

En un contexto donde informar podía costar la vida, Walsh convirtió la circulación de la palabra en un acto de resistencia colectiva. Ya no escribía solo: escribía para que otros continuarán.

La muerte de su hija

El 29 de septiembre de 1976, la violencia del régimen atravesó su vida de manera directa. Su hija, María Victoria Walsh, militante de Montoneros, murió en un enfrentamiento con fuerzas militares. La llamada “Masacre de la calle Corro” no solo significó una pérdida personal devastadora, sino también una confirmación brutal de la violencia ejercida por el Estado.

Ese episodio lo llevó a escribir una de las cartas más conmovedoras de la historia argentina. Allí reconstruyó los hechos y reflexionó sobre la decisión de su hija de no entregarse.

“Ustedes no nos matan, dijo ella, nosotros elegimos morir”, recordó Walsh sobre sus últimas palabras. Lejos de la resignación, el escritor interpretó esa muerte como una elección consciente en un contexto extremo:
“No vivió para ella, vivió para otros… y en ese orgullo me afirmo”.

La Carta Abierta a la Junta

El 24 de marzo de 1977, al cumplirse un año del golpe, Walsh escribió su texto más decisivo y contundente: la “Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar”.

Allí denunció el terrorismo de Estado, la censura y el plan económico y sistemático de la dictadura. Fue un documento sin concesiones, escrito con precisión y conciso.

Rodolfo Walsh, a casi cinco décadas de su desaparición: "El silencio no es neutral"
Carta Abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar.

La carta no fue publicada por ningún medio. Un día después, el 25 de marzo, Walsh fue secuestrado por un grupo de tareas de la ESMA. Según testimonios, intentó resistir. Desde entonces, permanece desaparecido.

“Fiel al compromiso de dar testimonio en tiempos difíciles” (Walsh, 1977).

La memoria es indispensable

La historia de Rodolfo Walsh no es solo la de un periodista asesinado. Es la de un recorrido que fue empujándolo, paso a paso, hacia un compromiso cada vez más profundo con la verdad.

Desde el escritor de cuentos policiales hasta el autor de una denuncia contra la dictadura, cada etapa de su vida fue una consecuencia de la anterior. No hubo rupturas aisladas, sino una construcción coherente que lo llevó a enfrentarse con la realidad.

Walsh dejó una respuesta, escrita con su vida: el silencio no es neutral.

Recordar a Rodolfo Walsh no es un ejercicio nostálgico, sino una necesidad política, ética y fundamentalmente actual. Su figura condensa preguntas que siguen vigentes: ¿cuál es el rol del periodismo frente al poder del estado?, ¿qué implica informar en contextos de violencia y censura?Debido a que, la memoria no es solo recordar el pasado, sino también una manera de formar y discutir un futuro.

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