


Las encuestas publicadas no sirven

Y acá vienen muchas interrogantes que invito a cualquier lector, por más despreocupado que se encuentre frente a estos temas: ¿Usted creería y cambiaría su decisión electoral por escuchar por ahí, por ver por ahí, por recibir un mensaje en su celular de un número desconocido, por un posteo en alguna red social, por un video insensato de algún sinvergüenza que anda suelto por la vida diciendo y asegurando como una pitonisa infalible tal o cual cosa? Obviamente que no, porque Usted no es ningún estúpido, no es ningún ignorante o como se dice en la calle “un loquito que anda alegremente por la vida”.
Esta suerte de Rímolos de la Consultoría Política que empañan el trabajo profesional de muchísima gente que en forma honesta, profesional y ética realiza su labor como Usted todos los días del calendario; genera daño y crea un clima que rompe con el principal valor que reúne una profesión: la confianza, y más aún cuando se trata de los administradores de los recursos públicos; del mismo modo y con el mismo tenor como los hacen los falsos médicos, los falsos abogados, los falsos ingenieros y cualquiera profesión que se trate.
Es momento de decir basta a estos actos ponzoñosos y pedirle que no crea en las encuestas publicadas. ¿Sabe por qué? Porque nadie mostraría un análisis de sangre o de orina gritando a cuatro vientos que está enfermo y que le quedan dos meses de vida. Al contrario Usted lucharía por su vida. Buscaría alternativas de soluciones. Lo mismo ocurre en los gobiernos. Buscan muchas maneras de escuchar al ciudadano, estudian alternativas de abordajes. Algunas más asertivas y otras no tanto.


Usted se preguntará para qué se contrata un servicio de investigación de opinión pública. Básicamente para contar con un monitor de indicadores de percepciones que estén ordenados, analizados, que generan un abanico de recomendaciones e interpretaciones que la intuición no resuelve. Estos estudios profesionales ofrecen al político una brújula del momento del impacto y los resultados que la ciudadanía percibe y como tal busca orientar caminos generales y marginales para alcanzar ese tan ansiado bien común.
Es verdad en que muchas oportunidades las consultas llevan un bloque de interpelaciones sobre dirigentes y su acercamiento con el ciudadano de a pie y que también se preguntan si los apoyarían con su voto en un eventual escenario electoral. Pero permítanme decirle al que sea, eso no es lo más importante. Es un bloque. Nada más. Y que responde más a la noticiabilidad de la carrera de caballos, de la apuesta innecesaria y efímera de quién gana. Es lo más cercano a la espectacularidad de todo el estudio. Y encima es situacional. Describe, no pronostica.
Por otro lado los colegas que deciden publicar sus estudios de opinión públicas están avalados de equipos de recursos humanos y técnicos de una capacidad de expertise muy exigente como de trayectoria indiscutible. No utilizan la improvisación para lograr visibilidad en cuanto medio de comunicación pueda. Son sólidos metodológicamente.
Para finalizar, vaya un pedido extremo y subrayado a los políticos: hágase un enorme favor de no comprar “pescado podrido de un día”, porque se va a indigestar. Es más, permítase ahorrar ese dinero y entienda que en política lo que pudo haber funcionado en algún momento de la historia, hoy ya no es. La política es dinámica, elástica, temporal y vacía. De Usted depende exclusivamente encontrar las mejores herramientas para la mejor toma de decisiones. De lo contrario, está condenado al fracaso y no al éxito en lo público. Créame que las encuestas publicadas no sirven para nadie.




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