
“Nunca la AFA pregunta por el origen del dinero”, había dicho Julio Grondona, eterno presidente de la casa madre del fútbol. Hoy esa AFA es el ring donde se disputa el poder entre las minorías que se enriquecen con las pasiones y necesidades populares. Otra fotografía del país goleado.







Sigo escribiendo con la certeza que ya nadie lee. Y para acompañarme leo a Silvana Melo y no puedo dejar de conmoverme: “Pero nadie nos quitará la alucinación de haber sido felices multitudinarios. Por espasmos. En las tribunas infinitas de esta brujería. Por un pibe adulto y planetario. Que parece jugar el juego de todos en el ajedrez donde fuimos y seremos peones”. Ante tanta bella contundencia, vacilo. Ni yo tengo ganas de leerme. Me alegra mucho que una selección de la Argentina juegue tan bien al fútbol. Y que gane porque juega mejor, y no a pesar de jugar peor, como reza el catecismo resultadista.














