


Aventura sobre ruedas: La histórica hazaña del Chevrolet 38 de Brinkmann en el Rally V Centenario de 1992
Miguel Peiretti
El automovilismo de nuestra región siempre se ha nutrido de historias de coraje, esfuerzo familiar y pasiones inquebrantables. Sin embargo, pocas aventuras continentales igualan la proeza deportiva protagonizada por el binomio integrado por Oscar Riera y Gilberto Martino, quienes en la primavera de 1992 se le animaron a un desafío de largo aliento, revivir la mítica Buenos Aires-Caracas.


Hoy hace exactamente 34 años, aquel 12 de octubre de 1992, el Chevrolet 38 identificado con el número 9 al mando de Oscar Riera y acompañado por Gilberto Martino —perteneciente al Grupo Chevrolet 38 Brinkmann— encendía sus motores frente al Congreso de la Nación. Con la impecable atención mecánica de Hugo Terrugi, la tripulación largaba con rumbo norte para sumarse a la caravana del Rally V Centenario, una competencia de regularidad histórica organizada para conmemoram los 500 años de la invasión española a América. Con el espíritu y el trazado del legendario Gran Premio de América del Sur de 1948 como inspiración absoluta, la prueba buscaba unir las capitales de Argentina y Venezuela mediante una durísima prueba de resistencia.
Resistencia pura en las rutas sudamericanas
La prueba trazó un exigente recorrido a través de las rutas del continente. Para Riera al volante, Martino en los relojes y la navegación, la carrera demandó una concentración absoluta y un esfuerzo al límite frente a las variantes del camino y las dificultades geográficas.
Al tratarse de una competencia bajo la modalidad de regularidad, la meta del binomio no pasaba por batir récords de velocidad pura, sino por emular el ritmo exacto impuesto por las hojas de ruta, buscando marchar con precisión cronométrica en cada una de las jornadas y acumular la menor cantidad de penalizaciones posibles.
El gran triunfo en Caracas
El gran logro de la tripulación de Brinkmann no solo se midió en el orgullo inmenso de la perseverancia, sino en un resultado deportivo formidable. En un certamen extenuante donde muchas máquinas debieron abandonar o tuvieron retrasos por roturas, el número 9 resistió cada adversidad en la ruta, logrando cruzar con éxito la bandera a cuadros final en la ciudad de Caracas y consagrándose como el gran triunfador de la competencia en su categoría.
El regreso al pago y la deuda del reconocimiento
Al regreso de la travesía, el pueblo de Brinkmann demostró su gratitud genuina y los recibió con una cálida caravana que desbordó orgullo local. Sin embargo, puertas afuera de la comunidad, las páginas de la historia grande del deporte quedaron en deuda. El hecho no tuvo el reconocimiento ni la trascendencia en la región, la provincia y el país que semejante hazaña habría merecido.
Tal vez por el pecado de no tratarse de figuras comerciales del ambiente motor, o quizás por la histórica miopía de los grandes medios centralistas que rara vez miran más allá de la "república de Buenos Aires", la gesta del número 9 quedó relegada al olvido de las grandes crónicas nacionales.
A 34 años de aquella caravana sudamericana, el recuerdo del Chevrolet 38 construido en Brinkmann sigue encendiendo la memoria tuerca de la región. El tiempo y la memoria de este espacio de la geografía nacional sigue aun sin reivindicar a estos embajadores de la camaradería, la pasión por los fierros clásicos y la audacia sin fronteras.





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