El impacto en la región: el endeudamiento de los hogares y el sector productivo

Un informe revela que el 92% de las familias de la provincia registran deudas, y el 62% utiliza la tarjeta de crédito para comprar comida. Cerca de 20 mil personas podrían estar en mora en el sistema fuera de la banca tradicional. El pedido de financiamiento en redes sociales enciende las alarmas, afectando también a comercios, industrias y productores tamberos.
Regionales04/09/2026Miguel PeirettiMiguel Peiretti

endeudamiento-regionEl panorama económico muestra una realidad complicada que afecta tanto a la mesa de los hogares como a la estabilidad de las fuerzas productivas. Según los últimos relevamientos emitidos por el Centro de Almaceneros de Córdoba y datos procesados de la Central de Deudores del Banco Central (BCRA), la ciudadanía atraviesa un fenómeno de "multiendeudamiento" sin precedentes, donde las familias toman nuevas deudas no para progresar, sino para cubrir baches financieros urgentes, en la mayoría de los casos para comer.

Es necesario aclarar que no existen mediciones específicas ni estadísticas oficiales desagregadas sobre el nivel de endeudamiento en cada una de las poblaciones de esta región, sin embargo, debido a la similitud de la matriz socioeconómica y el impacto generalizado de la crisis, se puede estimar que los guarismos locales no deberían diferir demasiado de las medias provinciales y nacionales que hoy encienden todas las alarmas, como así también surge de consultas informales realizadas en bancos y comercios.

El indicador más crudo a nivel macro refleja que el 92,3% de los hogares registran algún tipo de deudas activas. Lo más preocupante es el nivel de asfixia financiera: un 44% de las familias destina más de la mitad de sus ingresos mensuales exclusivamente al pago de cuotas, intereses y refinanciaciones atrasadas, dejando un margen mínimo para el consumo diario.

Un golpe que llega a comercios, industrias y tambos

El reflejo del endeudamiento bancario no solo evidencia la dura y compleja realidad que atraviesan los hogares de los trabajadores, sino que derrama de forma directa sobre todo el entramado económico regional. Las estadísticas y el día a día muestran que los pequeños y medianos comercios, junto a las industrias locales, están asumiendo pasivos financieros elevados para sostener sus estructuras, pagar costos fijos y evitar el corte de las cadenas de pago.

En este escenario, uno de los eslabones más castigados en la cuenca lechera local son los productores tamberos. Debido a la persistente y dura realidad que arrastra el sector —marcada por una fuerte brecha de costos, descalce de precios y la necesidad de financiamiento constante para mantener la infraestructura—, los productores vienen soportando un nivel de endeudamiento asfixiante. La falta de rentabilidad estructural los obliga a recurrir al crédito bancario continuo solo para sostener la operatividad diaria de los tambos, con tasas en la actualidad excesivas.

Muchos de ellos, al no contar con más capacidad de endeudamiento tanto en bancos como en mutuales, recurren al circuito informal pagando usurarias tasas que los ponen al borde del quebranto, con el consecuente riesgo no solo para el mismo productor, sino para todo el entramado comercial y de servicios al que nutre el sector primario de la lechería.

Un termómetro alarmante en las redes sociales

La gravedad de esta situación que viven muchas familias que perciben salarios de miseria o desarrollan trabajos por día se visibiliza de manera explícita en el ámbito digital. En los últimos meses, los grupos comunitarios de Facebook y los estados de WhatsApp de los pueblos de la región se han convertido en el reflejo de la desesperación. Es cada vez más frecuente encontrarse con mensajes como: “¿Alguien sabe de un prestamista?” o “Si tienen un contacto de un prestamista confiable, por favor pásenmelo por privado”.

La aparición cada vez más seguida de estas publicaciones expone un quiebre financiero crítico: significa que muchos vecinos no solo han quedado completamente excluidos del sistema financiero formal como son los bancos, mutuales, tarjetas de crédito o plataformas, sino que sus niveles de morosidad ya no les permiten acceder ni siquiera al circuito informal tradicional —como los conocidos prestamistas de cada pueblo o los sistemas de cobro diario—. Ante la urgencia, la gente se expone públicamente a buscar financiamiento a ciegas en redes sociales.

Las mutuales locales: un oasis con baja morosidad

En este complejo escenario, el sistema mutual de nuestra región se consolida como una excepción y un verdadero amortiguador social. Las mutuales que operan en esta área indican que sus niveles de atraso y mora se encuentran muy por debajo de la media nacional y provincial.

Esta baja morosidad podría responder principalmente a dos factores clave: por un lado, la evaluación responsable y, por el otro, el trato humanizado y de cercanía.

A diferencia de las plataformas Fintech que otorgan dinero con un solo clic sin medir las consecuencias, las mutuales regionales realizan un estudio personalizado y exhaustivo de la capacidad de pago del tomador antes de aprobar el crédito, además de pedir garantía, resguardando la salud financiera de la institución y del propio asociado.

Asimismo, el vínculo con quien toma el préstamo es estrictamente personal y cara a cara. Al conocer la realidad de cada vecino, comerciante o productor, no existe el conocido "apriete" o la violencia psicológica que caracteriza a las cobranzas del sector informal. Esto genera un compromiso de pago genuino por parte del asociado, quien prioriza cumplir con la entidad de su pueblo.

La tarjeta para comer y la cadena del "fiado"

Por fuera del sistema mutual, el perfil de la deudora comunitaria en las familias cambió de forma drástica. El crédito dejó de ser una herramienta para adquirir bienes durables como electrodomésticos o refacciones del hogar. Hoy, el 62,5% de las compras con tarjeta de crédito se destina a la compra de alimentos básicos, medicamentos y el pago de servicios públicos de luz y tasas municipales e impuestos.

Ante el agotamiento de los márgenes de compra de los plásticos tradicionales, se observa un regreso al histórico sistema de "fiado" en los almacenes de barrio. Este fenómeno traslada la mochila de la crisis directamente al comerciante minorista, quien se ve obligado a financiar a sus vecinos de confianza a costa de perder capital de trabajo y enfrentar serias dificultades para reponer mercadería con listas de precios en aumento.

La trampa de las Fintech y la morosidad récord

El informe del Banco Central arroja un dato sumamente complejo para quienes quedan excluidos de la banca tradicional debido al Veraz: las plataformas Fintech, las billeteras virtuales y los préstamos no financieros registran una tasa de mora que roza el 48%. En la provincia de Córdoba, ya son unas 377.000 personas informadas en situación irregular dentro de este circuito digital. Tomando los mismos guarismos en toda el área del noreste cordobés, centro-oeste santafesino y sur santiagueño, podrían ser entre 16 y 17 mil personas las que se encuentran en mora.

Al ofrecer requisitos mínimos y entrega inmediata a través de una aplicación móvil, estas herramientas se convirtieron en la vía de escape de emergencia. Sin embargo, esconden tasas de interés usurarias que duplican o triplican las de la banca común. El eslabón más débil de esta cadena son los jóvenes de entre 18 y 25 años, el grupo donde más rápido se deterioró el cumplimiento de pago (con un 40,8% de morosidad) debido al uso de microcréditos para consumos cotidianos.

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