Relato en primera persona de las olvidadas de Malvinas

Una de las primeras mujeres con grado militar en la Fuerza Área Argentina desde el hospital de campaña en Comodoro Rivadavia, Alicia Mabel Reynoso salvó vidas, resistió al olvido y comenzó una lucha que hoy sigue dando voz a las mujeres que también estuvieron en la guerra
Regionales23/04/2026Redacción RegionalisimoRedacción Regionalisimo

Arrufo Malvinas

La veterana de guerra de Malvinas Alicia Mabel Reynoso, enfermera de la Fuerza Aérea que prestó servicio en el Hospital Reubicable de Comodoro Rivadavia durante el conflicto del Atlántico Sur, ofreció su testimonio en una charla en Arrufó
Es la primera vez que llega a nuestra región esta figura que encarna la lucha por la igualdad dedicando gran parte de su vida a visibilizar todo lo que las mujeres hizo durante la guerra y que esa acción no solo de enfermeras, sino de madre, hermana, amiga de los soldados que fueron heridos en las islas sea reconocida. Esa historia de valentía, perseverancia y logros fue testimoniada ante un auditorio que siguió con atención despertando curiosidad sobre todo en la niñez 
Alicia Reynoso, nacida en Carbo, Entre Ríos, egreso de la Escuela de Enfermería de Santa Fe, fue integrante del primer grupo de 21 mujeres que en enero de 1980 se incorpora a la Fuerza Aérea Argentina y cuando el 2 de abril de 1982 inicia el conflicto, era la jefa de enfermería del Hospital Aeronáutico Central, en Pompeya, asumiendo la conducción del primer equipo de cinco personas instalado en Comodoro Rivadavia desde donde atendieron a los heridos que llegaban desde Malvinas
Desde que se integró a la Fuerza Área junto a un grupo de mujeres tuvieron que recorrer un duro camino, porque el ambiente machista les hacía sentir el rechazo y al mismo tiempo en la formación militar le hacían hacer las mismas cosas que a los hombres, les daban ropa y calzados con talles de hombres entre otros cosas que significo ir abriendo paso en esa primera etapa.
Dos años después, el 2 de abril la superioridad le ordenó prepararse para ir a Malvinas y que eligiera a cinco mujeres que la acompañen, pero finalmente instalaron un hospital reubicable en Comodoro Rivadavia a donde trasladaban desde las islas a los heridos.
El hospital móvil que había sido comprado a Estados Unidos después de la guerra de Vietnam estaba compuesto de once módulos que se encastraban y se unían en forma de L. Tenía un quirófano, donde podían practicarse dos cirugías simultáneas, terapia, laboratorio, rayos, 25 camas, una cocina e incluso una planta potabilizadora de agua. El mismo luego de Malvinas prestó servicio en Kosovo, Mozambique, Haití. También lo vieron desplegado durante la pandemia. Y en cada una de esas misiones siempre hubo una veterana de guerra, siempre. Aunque jamás lo dijeron, subraya Reinoso
En aquel primer momento un oficial me preguntó: «¿Cuántas bolsas tienen?». Yo me preguntaba: «Qué importan las bolsas de los residuos». Cuando abro una puerta grande, de una habitación, veo todas las bolsas mortuorias. Ahí me di cuenta. Y pensaba porque no hablábamos: «Yo no vine a guardar muertos, vine a recuperar heridos para que puedan volver al combate o no». Pero ellos pensaban en los muertos. Después, con el tiempo, me di cuenta por qué.

Curar y contener

Eramos catorce enfermeras en el hospital reubicable atendiendo a los soldados que llegaban heridos de las Islas Malvinas, hacíamos todas las evacuaciones, traíamos, llevábamos heridos; habíamos implementado una sala de emergencia, que hoy se le dice showroom, donde llegaban todos los heridos. Llegaban a la madrugada, porque había que salir de las islas a la madrugada y volando a muy poca altura para no ser detectados por los radares, lo que significaba que el avión se movía mucho y generaba aún más dolor en los muchachos. En el emergencia con muchos sueros colgados con calmante para ir colocándoles a medida que nos daban las camillas o que bajábamos las camillas.
Recuerda que los gritos de los heridos no eran de dolor, sino que gritaban; «Mamá, mamá, ¿dónde está mi mamá?», era desgarrador ver a esos chicos en medio del horror queriendo volver a la seguridad del vientre materno. Esa mirada perdida, ese físico maltratado; venían con mucha hambre y desorientados en tiempo y espacio, que nos decían «cúrame rápido porque quiero volver, porque allá está mi amigo, quedó mi hermano».
Esos jóvenes valientes tenían 18 años y quienes los contenían allí éramos mujeres que estábamos vestidas de verde, haciendo la misma tarea que todos los militares, pero con un con un dejo de ternura porque teníamos que ser un poco madre, un poco amigas, un poco hermanas.
Nosotros estábamos bajo las mismas órdenes que los hombres, bajo el mismo código de justicia militar, en una dictadura. Teníamos todas las obligaciones y ningún derecho. No podíamos decir: «Ay no, me da miedo, quiero volver». Los militares no cuestionan las órdenes. Si alguien lloraba tenía que hacerlo a escondidas. Delante de los heridos teníamos que mostrar fortaleza. Si la teníamos o no era un problema nuestro. 
Cuando podían, las enfermeras dormían en las camas de terapia. En ocasiones les permitían descansar por la tarde. La noche no estaba hecha para eso, no recordamos siquiera habernos sacado los borcegos porque en la madrugada era cuando llegaban más heridos. Las enfermeras vivían en el mismo hospital sin preparación para afrontar las laceraciones anímicas y mentales que deja una guerra sostiene
Otro dato llamativo que aporta es el miedo a ser atacadas erróneamente cuando surcaban los cielos trasladando a hospitales de distintas provincias a los heridos por que muchas veces ni la propia tropa reconocía los aviones de la sanidad.

Mujeres heridas en el alma

Narra que cuando en el 2009 empezó la lucha por el reconocimiento a las mujeres, no podía hablar, lloraba y muchas de las compañeras aún no lo logran. Años de terapia me ayudaron y también defender este lugar me ayudó a sacarme esta mochila contándolo. Se nos había prohibido hablar de lo que vimos allá. Ayudar a otros también me sanó, porque una nunca deja de ser enfermera. Jubilada ya, sigo siendo la enfermera del barrio. Me reconforta muchísimo ir a las escuelas con los chiquitos, sembrar en tierra fértil la verdadera historia de Malvinas sin falsos héroes, sin falsas heroínas. Malvinas no se debe olvidar, no se debe confundir. Las generaciones venideras sabrán que hubo hombres y mujeres que, sin importarnos absolutamente nada, dimos la vida para defender la patria. Eso no puede ser negociable jamás.
Con esos jóvenes valientes enfrentamos a una potencia mundial. Hoy, a más de 40 años, me pregunto qué se les pasó por la cabeza para mandarlos a una guerra.
Alicia Reynoso es autora del libro «Crónicas de un olvido» y fue protagonista del documental «Nosotras también estuvimos», de Federico Strifezzo. Participo en misiones de Paz de la ONU en Haití, recibiendo múltiples distinciones por su lucha
Se estima que más de 90 mujeres participaron en la Guerra de Malvinas, desempeñando roles clave como enfermeras, instrumentadoras quirúrgicas, radioperadoras y oficiales de la marina mercante en las tres Fuerzas Armadas. El papel de las mujeres fue crucial, aunque su reconocimiento como veteranas fue invisibilizado durante décadas, sufriendo silenciamiento y descalificación

Te puede interesar
Chipion

Altos de Chipión: Firmó convenio con la UNP

Redacción Regionalisimo
Regionales30/05/2026
En un paso trascendental para el desarrollo educativo y profesional de la localidad, la Municipalidad de Altos de Chipión concretó la firma de un convenio marco de colaboración con la Universidad Provincial de Córdoba (UPC), vinculándose de manera directa con la flamante sede regional de la ciudad de Morteros.
Lo más visto
Suscríbete gratis al Boletín Informativo para recibir periódicamente las novedades