San Guillermo: 12 años sin Mónica Gorostito: ¡Prohibido olvidar!

Ojalá no la olvidemos. Creo que nunca sabremos con real certeza quién o quiénes fueron los culpables.

10/01/2024 Por Lisandro Valdemarín
Monica Gorosito

Creo también –y estoy convencido- que hay gente que le ha dado y le seguirá dando lo mismo. Total, a ellos no les tocó. Y siempre pasa. Duele más un golpe de nuestro propio dedo chiquito del pie con un mueble de casa que una tragedia mundial a kilómetros de distancia o que un asesinato sangriento con violación incluida de alguien que vivía en nuestro mismo pueblo.
Ojalá no la olvidemos. Han pasado muchos años. Ya ni vale la pena remarcar cuántos. No vale la pena porque debería darnos vergüenza que todo siga impune. Ya 5 años. Y quizás sean 6 el año próximo. Y quizás sigamos deshojando almanaques eternamente. Debería darnos vergüenza. Que todo se haya hecho tan mal como para que todo siga impune. Quizás Dios haga Justicia. Ojalá. Quizás sea el único. Ojalá.
Ojalá con el regalo de una nietita a los papás de Mónica sea suficiente. O quizás no. No es fácil encontrar alegrías que tapen tanta tristeza. Así y todo, sus padres siguen. Como pueden. Con esa rara mezcla de no poder perdonar jamás lo que pasó a quién o quiénes lo hayan hecho pero también con la necesidad de ir cicatrizando heridas para poder seguir adelante.
Ojalá no la olvidemos. Nunca. Ojalá no nos acostumbremos a que las cosas pasen como si nada en nuestro querido San Guillermo. Ojalá no vuelva a pasar. Y si pasa. Que no vuelva a pasar lo mismo.

Los hechos

Los Reyes Magos el 7 de enero de 2012, a sus 23 años le arrancaron la vida a Mónica Gorosito cuando fue a limpiar la carnicería de su tío, quien al abrir el local la encontró en medio de un charco de sangre. Después las pericias darían cuenta que fue violada. Tan profunda es la magia del poder que logro encarcelar por nueve meses a un perejil para construir la indiferencia social y a partir de ella la más absoluta impunidad, para que termine siendo una banalizada muerte como parte de la perversidad de un número más, en lugar de concientizar que es una joven menos.

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