


Artemis II regresa de la Luna con sello argentino: el satélite Atenea y el aporte del Conicet
Miguel Peiretti
Científicos del Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR) del Conicet celebraron la exitosa recolección de datos del satélite Atenea, que acompañó el lanzamiento y fue monitoreado desde la Estación Terrena 1 durante su regreso hacia la Tierra. El logro se da tras más de medio siglo sin misiones tripuladas orbitando la Luna: Artemis II marcó un hito en la exploración espacial y contó con participación argentina.


Por un lado, la misión Artemis II, la primera en sobrevolar la Luna con tripulación desde 1972, generó un enorme interés global tras su lanzamiento el 1 de abril desde Cabo Cañaveral. Además de la nave principal Orión, liderada por la NASA, participaron cuatro satélites internacionales con objetivos complementarios.
Entre ellos, se destacó Atenea, un desarrollo íntegramente argentino impulsado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) junto a diversas instituciones científicas.
En efecto, Atenea fue seleccionada entre unas 60 propuestas internacionales para ocupar uno de los cuatro lugares disponibles como carga útil secundaria. Asimismo, solo Arabia Saudita, Corea del Sur y Alemania lograron integrar dispositivos similares en la misión, lo que posiciona a la Argentina en un selecto grupo de países con presencia en este tipo de proyectos.
Por otra parte, el satélite un CubeSat compacto diseñado como demostrador tecnológico, tuvo como objetivo validar sistemas innovadores en condiciones reales de espacio profundo. En particular, permitió medir radiación cósmica, testear comunicaciones avanzadas y mejorar futuros diseños satelitales, al tiempo que fortaleció capacidades nacionales y formó recursos humanos especializados.
En este marco, el rol del IAR resultó clave. El equipo llevó adelante la validación electromagnética del sistema de antenas, esencial para garantizar las comunicaciones del satélite. Para ello, desarrollaron modelos de prueba, realizaron simulaciones y ensayos en una cámara anecoica única en el país. Gracias a estas tareas, el sistema funcionó sin inconvenientes durante toda la misión.
Asimismo, el instituto diseñó y puso en funcionamiento una estación terrena propia, desde la cual se logró detectar rápidamente a Atenea a una distancia de hasta 70 mil kilómetros y descargar los datos obtenidos. Esta infraestructura, además, queda disponible para futuras misiones científicas y tecnológicas.
En este sentido, la experiencia no solo representa un avance tecnológico, sino también un paso estratégico para la Argentina en el acceso al espacio profundo. Según destacaron desde el IAR, este tipo de desarrollos permitirá mejorar las comunicaciones con futuras misiones lunares y ampliar las capacidades del país en el ámbito espacial.




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