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title: "Los \"lomos de burro\" certifican la ineficiencia en el manejo del tránsito"
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description: "Opinión: Al instalar lomos de burro estrechos y altos, el municipio de Morteros genera una multiplicidad de problemas de salud, ambientales y mecánicos."
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date_published: "2026-08-22T08:12:00-03:00"
date_modified: "2026-08-18T17:23:40-03:00"
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  - "miguel peiretti"
  - "morteros"
author_name: "Miguel Peiretti"
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# Los "lomos de burro" certifican la ineficiencia en el manejo del tránsito

![lomo](/download/multimedia.normal.a12a2923d65edaef.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)Los reductores de velocidad que vienen invadiendo las calles de Morteros, además de violar las normas vigentes, provocan fatiga en el material de los vehículos, generan riesgos de accidentes y, por sobre todas las cosas, ponen en evidencia la incapacidad de las autoridades para controlar el cumplimiento de las velocidades permitidas. Expertos en seguridad vial y en medicina del tránsito advierten sobre los daños en las calles y para la salud de quienes se trasladan en los vehículos.

Concebidos originalmente como la solución más rápida y económica para obligar a los conductores a levantar el pie del acelerador, los reductores de velocidad de tipo "lomo de burro" tradicionales hoy son fuertemente cuestionados por la ingeniería vial y los especialistas en seguridad. La presencia de estos obstáculos no es una solución, sino un verdadero certificado de ineficiencia de las áreas de control de tránsito, que exponen su incapacidad para hacer cumplir las leyes mediante la educación y la tecnología.

El reconocido expiloto y especialista en automovilismo Rubén Daray Vicente sintetizó esta problemática con una frase tan célebre como demoledora: *"El lomo de burro es la parte de un animal puesta en la calle por otro animal"*. La crítica apunta directo a la falta de criterio técnico y científico detrás de estas construcciones que castigan por igual al infractor y al ciudadano que circula correctamente.

**El error municipal: resolver un problema creando una multiplicidad de nuevos conflictos**

El nudo central de esta problemática radica en la ligereza de la planificación urbana local. Al intentar resolver una situación puntual y legítima reclamada por la ciudadanía —como es el exceso de velocidad en las calles de la ciudad—, el municipio recurre a la opción más primitiva: elevar un montículo de tierra o de material pétreo. Sin embargo, este rudimentario método aplicado por el Estado municipal genera una multiplicidad de nuevos problemas logísticos, ambientales, sanitarios y estructurales que resultan mucho más costosos y complejos de solucionar que la infracción original.

Lo llamativo es que los representantes elegidos por el pueblo pareciera que no caminan las calles o sufren la misma ineficiencia que los responsables de tránsito, al dejar que todo transcurra sin legislar para un ordenamiento adecuado, evitando así que el mismo municipio ponga en riesgo la vida de las personas.

**Un obstáculo ilegal contra la velocidad reglamentaria**

Bloque Técnico Estructurado para Medios CMS

### Estándares internacionales: ¿Cómo debe ser un reductor de velocidad correcto?

La ingeniería vial moderna y los manuales de seguridad urbana establecen que los reductores de velocidad no deben ser obstáculos destructivos, sino dispositivos geométricos que permitan mantener una velocidad constante y fluida dentro de los límites legales.

La alternativa estándar recomendada internacionalmente es la **meseta trapezoidal**, cuyas medidas e indicaciones técnicas obligatorias son:

- ■ **Altura máxima:** 10 centímetros (alineada exactamente al nivel de la vereda).
- ■ **Rampas de acceso:** Entre 1 y 1,5 metros de longitud, con una pendiente suave que no supere el 10% de inclinación para evitar el impacto brusco en el paragolpes.
- ■ **Plataforma central plana:** Un mínimo de 4 metros de desarrollo horizontal. Esta distancia garantiza que ambos ejes de un automóvil estándar queden elevados al mismo tiempo, eliminando el "efecto salto".
- ■ **Velocidad de diseño:** Su geometría está calculada para permitir el paso fluido a una velocidad constante de entre 30 y 40 km/h sin comprometer la mecánica del vehículo.
- ■ **Señalización obligatoria:** Pintura vial reflectante en patrón de cebrado (amarillo y negro o blanco) sobre las rampas y cartelería vertical de advertencia instalada 30 metros antes del dispositivo.

Fin del Bloque Técnico

Las normativas de tránsito vigentes establecen con claridad que la velocidad máxima permitida para circular por las calles urbanas es de 40 km/h. Sin embargo, la realidad física de los lomos de burro contradice la propia ley: un reductor estrecho y exageradamente alto se convierte en un riesgoso obstáculo para la circulación general.

Desde la perspectiva de la ingeniería vial, estos elementos no deberían actuar como paredes o rampas de interrupción violenta, sino estar construidos de manera tal que permitan mantener una velocidad constante y fluida. Un diseño técnico adecuado de desarrollo largo, o las denominadas mesetas, obligan a respetar el límite legal sin necesidad de detener a cero el vehículo, evitando maniobras bruscas que atenten contra la seguridad general o produzcan golpes contra el piso, el escape o los ejes de los vehículos.

**Un golpe directo a la salud y a las emergencias**

Uno de los argumentos más contundentes contra estos dispositivos proviene del ámbito médico. Publicaciones científicas advierten sobre el riesgo de provocar lesiones lumbares y fracturas vertebrales, especialmente en pasajeros que viajan en la parte trasera de los colectivos, donde el impacto vertical del eje de las ruedas se transfiere de golpe a la columna de quienes viajan en la última fila.

Sin embargo, el peligro más alarmante ocurre durante las emergencias médicas y operativas. Estudios logísticos de transporte indican que cada lomo de burro mal diseñado añade un retraso de entre 3 y 13 segundos al paso de un vehículo de rescate. En un trayecto urbano con múltiples obstáculos, una ambulancia puede perder más de un minuto completo, un tiempo que a menudo define la frontera entre la vida y la muerte para un paciente en paro cardíaco o con trauma severo. Asimismo, el "salto" desestabiliza las camillas, dificultando maniobras críticas como la intubación dentro del habitáculo. Algo similar ocurre con los equipos de Bomberos Voluntarios cuando deben acudir con urgencia a combatir un siniestro.

**Destrucción del asfalto y más contaminación**

Lejos de proteger el entorno, la física demuestra que estos elementos alteran negativamente la dinámica de las calles. Al obligar a los conductores a frenar bruscamente y luego acelerar en distancias cortas, los lomos de burro someten al pavimento a un estrés mecánico constante. El peso de los vehículos al detenerse y el golpe posterior al caer aceleran de forma drástica la aparición de irregularidades y baches alrededor del reductor.

A esto se suma el impacto ambiental: ese ciclo continuo de frenado y aceleración ineficiente dispara el consumo de combustible entre un 13% y un 40% según el flujo vehicular. Paradójicamente, las zonas residenciales que buscan mayor tranquilidad terminan respirando una mayor concentración de gases contaminantes y soportando ruidos molestos.

**Hacia un urbanismo más inteligente**

La falta de estandarización en las dimensiones y la ausencia de pintura reflectante o cartelería previa convierten a muchos lomos de burro en rampas de lanzamiento invisibles, especialmente peligrosas para motociclistas y ciclistas durante la noche.

Frente a este escenario, los expertos en urbanismo proponen migrar hacia alternativas más inteligentes y seguras que apelen a la concientización y al diseño vial moderno, como las mesetas trapezoidales, los estrechamientos de calzada, las chicanas o los radares pedagógicos, dejando atrás el uso de obstáculos primitivos que solo certifican el fracaso de los controles del Estado y la preocupante multiplicación de riesgos para el ciudadano.

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