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title: "El fuego del Cordobazo frente al ajuste libertario"
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description: "A 57 años de la gesta obrero-estudiantil de 1969, las calles de Córdoba reactivan su memoria histórica. El paralelismo entre el plan económico de Onganía y el programa actual de Javier Milei enciende el debate sobre los límites sociales del ajuste."
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date_published: "2026-05-29T10:41:00-03:00"
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tags:
  - "columnas"
  - "miguel peiretti"
author_name: "Miguel Peiretti"
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author_bio: "Periodista especializado en cobertura regional, director"
category_name: "Opiniones"
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category_description: "Espacio de debate, opinión y análisis en el noreste cordobés y centro oeste santafesino. Las editoriales del diario, las columnas de nuestros especialistas y las cartas de los lectores en Regionalisimo"
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# El fuego del Cordobazo frente al ajuste libertario

![Cordobazo1](/download/multimedia.normal.aeb096b143a4314f.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)El 29 de mayo de 1969, la clase obrera cordobesa y la juventud estudiantil demostraron que el destino de un pueblo no se debate en los despachos de la burguesía ni bajo las botas de la reacción, sino en las calles.   
El Cordobazo fue una insurrección revolucionaria contra el plan de entrega y flexibilización del dictador Juan Carlos Onganía y su ministro Krieger Vasena. Hoy, a más de medio siglo de aquellas jornadas heroicas, la memoria de las barricadas interpela directamente al presente: la misma receta de hambre y sumisión al capital financiero internacional hoy se disfraza de «libertad», mientras las cúpulas sindicales pactan una tregua y la clase trabajadora enfrenta una ofensiva patronal sin precedentes.

### De la defensa colectiva a la fragmentación

El Cordobazo no cayó del cielo. Fue la respuesta organizada a un ataque directo contra las conquistas históricas de los trabajadores. Cuando el régimen militar intentó arrebatar el «sábado inglés» y congelar los salarios para favorecer a las corporaciones multinacionales, se topó con un proletariado industrial concentrado, altamente sindicalizado en el sector automotor y con una fuerte conciencia de clase. La huelga activa del 69 fue una demostración de poder obrero, donde los medios de producción y las calles pasaron a manos de quienes verdaderamente producen la riqueza.  
Hoy, el capitalismo tardío y las políticas de ajuste estructural han configurado un escenario social profundamente fragmentado, diseñado meticulosamente para debilitar la organización colectiva. Aunque el discurso oficial festeja el superávit fiscal y la baja de la inflación mediante el congelamiento del consumo y la obra pública, la realidad de las mayorías populares es alarmante.  
El ataque ya no es solo contra un beneficio laboral específico, sino contra la subsistencia misma. El régimen actual empuja a millones de trabajadores a la informalidad, el cuentapropismo y la precarización de las aplicaciones digitales. El «ejército de reserva» de desocupados y subempleados es utilizado por las patronales para dinamitar los convenios colectivos, haciendo que la Canasta Básica Total (CBT) supere el $1.460.000, una cifra inalcanzable para la inmensa mayoría de la población explotada.

### Del sindicalismo de liberación a la tregua de los «gordos»

La diferencia en la respuesta obrera entre ambas épocas no se explica únicamente por las variables macroeconómicas, sino por la naturaleza y la entrega de las direcciones gremiales. El Cordobazo se cocinó al calor de un sindicalismo antiburocrático, democrático y asambleario. Figuras de la talla de Agustín Tosco (Luz y Fuerza) encarnaban el «sindicalismo de liberación», una corriente que comprendía que la lucha salarial era inseparable de la lucha política contra el imperialismo. Existían tensiones con el «vandorismo» —dispuesto a negociar con Onganía—, pero las bases combativas de las comisiones internas automotrices (SMATA) pasaron por encima de los burócratas y forzaron la huelga general activa.  
El panorama actual expone la claudicación histórica de las centrales obreras tradicionales. Las cúpulas de la CGT y de los sectores mayoritarios de las CTA operan hoy como el principal colchón de contención del descontento social. Salvo medidas de fuerza aisladas y destinadas a descomprimir la presión de las bases, la burocracia sindical ha adoptado una estrategia de parálisis y lobby parlamentario. Mientras los salarios reales se licúan frente a los tarifazos, los «gordos» priorizan la negociación de los fondos de las obras sociales y el mantenimiento de sus privilegios empresariales, abandonando a su suerte a más del 40% de la fuerza laboral que sobrevive fuera de los convenios colectivos.

### Ayer igual que hoy: La criminalización de la protesta

![cordeobazo 2](/download/multimedia.normal.80236c3cc6589cc5.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)El libreto de la burguesía para deslegitimar al pueblo en lucha no ha cambiado, solo ha perfeccionado sus herramientas tecnológicas. En mayo de 1969, los grandes diarios tradicionales alineados con el régimen de Onganía y la jerarquía eclesiástica no tardaron en calificar la insurrección popular como una acción de «francotiradores extremistas», «elementos de la subversión apátrida» y «vándalos infiltrados» que atentaban contra el orden y la propiedad privada. Ocultaban deliberadamente que la violencia brotaba desde el Estado, el cual fusilaba a obreros como Máximo Mena en las avenidas cordobesas.  
En el siglo XXI, el poder económico concentrado utiliza su andamiaje transmedia para montar un relato idéntico. A través de la televisión hegemónica y de ejércitos de trolls financiados con fondos públicos en redes sociales, el gobierno de ultraderecha desata un verdadero terrorismo digital. Quienes salen a la calle a defender los salarios, los comedores comunitarios o las jubilaciones son catalogados como «delincuentes», «terroristas» o «vividores del Estado». El protocolo represivo antipiquetes busca ilegalizar el derecho constitucional a la protesta social, mientras las corporaciones de comunicación construyen un cerco informativo para invisibilizar el descontento real de las bases y justificar la brutalidad de las fuerzas de seguridad infantería mediante la doctrina del «orden».

### Las aulas con la chispa del 69 a los reclamos universitarios actuales

La juventud estudiantil siempre ha actuado como el detonante de los procesos revolucionarios en nuestro país. En los sesenta, la ebullición del movimiento estudiantil cordobés —marcado por la resistencia al cierre de comedores, la abolición de la autonomía universitaria y la censura de la dictadura— funcionó como el combustible ideológico y logístico que empalmó con las comisiones de fábrica. Los estudiantes no peleaban por privilegios corporativos, sino que entendían que la universidad debía estar al servicio de la liberación de la clase trabajadora.  
Ese hilo histórico de rebeldía conecta de manera directa con el presente. Frente al ahogo financiero criminal, el congelamiento presupuestario y el veto autoritario a las leyes de financiamiento educativo por parte del poder ejecutivo, el movimiento estudiantil actual ha despertado con fuerza. Las masivas acciones de facultades a lo largo y ancho del territorio nacional, acompañadas de asambleas soberanas permanentes y clases públicas en las calles, representan una bofetada al individualismo neoliberal. Esta nueva generación asume el conflicto no solo para defender el derecho a las aulas, sino para unificar sus reclamos con el conjunto del pueblo trabajador que padece la licuación de sus ingresos, demostrando que la educación pública se defiende luchando y no negociando las partidas presupuestarias a puertas cerradas.

### Los de abajo financian a los de arriba

Las planillas de Excel que hoy exhibe el poder político, celebradas por el Fondo Monetario Internacional y los grandes pulpos concentrados, se sostienen sobre el hambre de las infancias, la licuación de las jubilaciones y el saqueo de los recursos naturales. Al igual que en 1969, la supuesta estabilidad macroeconómica de los de arriba se financia con la miseria de los de abajo.  
El Cordobazo dejó claro que a la reacción y al ajuste no se los frena negociando en los pasillos del Congreso ni esperando pasivamente el próximo turno electoral del sistema burgués. Se los frena con la huelga general, la toma del espacio público y la democracia de los trabajadores desde las bases. A 57 años de aquella gesta popular, reivindicar a los sindicalistas combativos Agustín Tosco, Elpidio Torres, Atilio López, Carlos Scimini de la Federación Universitaria y el activismo estudiantil no es un ejercicio de nostalgia; es levantar sus banderas para organizar la contraofensiva de la clase obrera contra el saqueo actual.

Fuentes: Archivo Obrero y a través del mismo a los autores Ruth Werner, Norberto Galazzo, Torcuatto Di Tella, Ernesto Gonzalez, Luciana Zorzoli y Juan P. Massano, Laura Marrone, Historia del Movimiento Obrero del Centro Editor de América Latina, escritos y discurso de Agustín Tosco, Indec, Dirección Estadísticas de Córdoba, Cepa, Ipypp, Cispren, Análisis sobre medios de prensa, El Historiador, investigaciones Conicet, aportes de IA

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